viernes, agosto 29, 2008

butoh 4

Conocí a Hiroko el 6 de agosto de 1945, aproximadamente a las nueve de la mañana. La imagen que tenía delante no tenía semántica visual: una ciudad hecha polvo y algo parecido a un hombre -con sus carnes pendiendo del cuerpo- extendía un miembro parecido a un brazo hacia mi pecho pidiendo ayuda. Yo estaba absolutamente aturdido. La lengua de aquel demonio que trajo la tempestad aún lamía el cielo. Y la imagen de un hongo violáceo sobre Hiroshima convirtiéndose en una broma de un dios turístico que fotografiaba cuerpos pudriéndose se repetía como cientos de explosiones detrás de mis ojos, ahí, en el escondite de las anguilas. Alguien, o el intento de alguien, partido en dos frente a mí se arrastraba gritando algo que no entendía, quizá era un japonés antiguo, milenario, alejado de todas mis posibilidades lingüísticas, un japonés -un samurái perdido en el limbo del bushido- diciendo en algún código de guerra algo sobre la noche que había eclipsado toda la ciudad poco después de haberla bañado una luz cegadora cuando mientras amanecía. Un hombre, o el bosquejo de un hombre cayó en mis pies. Me incliné lenta pero automáticamente hacia él y dijo: Byouin Byouin Byouin...

lunes, junio 16, 2008

butoh 3

Luego el polvo comenzó a disiparse, y a lo lejos iban apareciendo las figuras rotas de varios cuerpos que avanzaban mecánicamente hacia mí, como si yo fuera la luz al final túnel. Estiraban sus brazos y se arrastraban todos hacia la misma dirección, lejos de la muerte, aunque con ella en los brazos.

lunes, febrero 04, 2008

butoh 2.

El hombre tiene su frente pegada a la pared como si espiara a alguien con poderes telequinéticos, luego despega su rostro y golpea su cabeza contra el muro. Retrocede, mide seis pasos, se lanza hacia el frente con fuerza. Su cuerpo forma una escuadra humana. El golpe es tan seco y tan sangriento que antes de que llegue la oscuridad por completo a su mente una imagen lo asalta: sus manos juntas haciendo una copa que recoge un chorro de sangre que sale casi desde el mismo ángulo del que está mirando la cascada gruesa y pesada. Luego, entre sus dedos se esparce el rojo y cree escuchar el leve crepitar de los borbotones hinchando su suelo, sus zapatos. Luego viene el mareo. Un rojo inunda todo. Ka ya no es Ka, sino un hombre recto que se inclina cada vez más hacia sus rodillas cerrando el compás en un ángulo más obtuso. Luego cierra los ojos por completo. Ya no tiene nombre.

lunes, enero 07, 2008

Butoh no. 1

La cosa es que mi amigo, ese simpático animal de pétalos y electricidad alrededor de la cabeza como un aurora boreal magnética, salida de una película de Kubrick, me dijo: sonaremos antes que la batería de este misterioso robot extraño que dice ser tu padre se acelere, aumente sus bites, complique el género musical, los cartones animados y el feminismo. Jamás nos aburriremos, Ka, porque nosotros no somos burgueses, a nosotros no nos amamantó una teta enorme y ajena a nuestra familia.
Luego sonrió como una bola de boliche, con sus tres orificios dilatados, y se escabulló entre las sombras. Lo entendía perfectamente. Tenía toda la pesada y metálica razón, mi padre, ese tubérculo sobre una silla de ruedas con popotes clavados en su cráneo, cubierto con una cobijita que seguramente su madre –mi cruel y abominable abuela patata- le habría puesto durante una difícil temporada de invierno.

-Vamos, Ka, llévame a la cocina.
-¿Qué necesitas de ese apestoso lugar?
-Quiero hacer la cena.
-Avena, como siempre –mientras lo empujaba hacia ese túnel que nos llevaba directamente hacia el cementerio o el horno de microondas.
-Sí, amor. Lo que comen los caballos, para que crezcas gigante.

No soporté ese tumor que emulara su mano sobre mis dedos y lo solté, lo empujé hacia el borde de una cascada de aceite de oliva y salí corriendo hacia el patio. Afuera, mi madre estaba hincada, maniatada y con la boca cubierta, mientras lloraba. Hizo un gesto que pude entender. “mujim mújete me mují”. Detrás de ella estaba el diablo con una sonrisa o una luna de dientes, de oreja a oreja, y junto a él un hombre de estatura baja y ojos pequeños que le extendía una piedra al Satán quijotesco. Mi madre cerró los ojos. Luego yo también, y la golpeaba con esa roca en la cabeza. Y después otra, y otra, hasta que hacía un montículo parecido a una tumba germánica. Y yo, inamovible, veía cómo de entre los orificios mi madre me hacía señas, mi triste y aplastada madre, ese rábano de rimel corrido.

Volvió entonces el polo norte y me cubrí con un pedazo de lo que en días anteriores pudo ser un animal feroz. Y comentó de nuevo: Nosotros nunca tuvimos nodriza, Ka, por eso estamos condenados a esta verticalidad. Luego volvió a mostrarme sus dientes pero ahora éstos estaban llenos de anguilas que se retorcían entre sus cavidades, entre sus encías, entre su lengua y después me abrazó mientras los voltios penetrando en mi cuerpo a una velocidad de 300 mil kilómetros por segundo me obligaban a contorsionarme y a repetirme que todos hacían butoh desde hace millones de años.

lunes, diciembre 17, 2007

la teoría del fracaso




miércoles, diciembre 12, 2007

Poema de la jirafa en la calle 13

Planta tus pies como dos raices
Con ese tumbao'
Puede que me hechices
Cuidao'
Que no te pise
Mamita con cautela
Sacude la tela
En el nombre de tu abuela

Mi canelita
Mi azucarita
Mi linda sara
Mi tormentita huracanada
Mi santa clara
No vo'a dejar que te pise ninguna cosa rara
Vo'a prender las velas pa' que no te pase nada
Aqui no hay cuchillos
Ni pistolas
Aqui hay
Mucha,mucha
Mucha'mucha
Mucha cacerola
Aqui hay mucho sol
Muchas playas
Muchas olas
Aqui todo es melaza
Nada de pangola
Te vo'a pintar la playa
Azul crayola
Fuimonos
Que vamonos
Que fuimonos
Que en yola
Si no hay yola
Lo seguimos de rola
Pa'que
Pa'que
Veas como flota tu cola

Cuando te vi
Me dio mucha cosquilla
Fue como tener
A cuarenta hormigas
Rascandome la barriga
Tu sabes
Tu sabes
Tu sabes
Que estas que estilla
Me llevaste el pantalon tu ere una pilla
Vamo'a embarrarnos en una tortilla

Vamo'a hacer tembleque mezclao' con natilla
Me como tu madera
Con to' y polilla

Ella eeee eeee
Ella eeee ella
Ella eeee eeee
Ella eeee ella

Quiero ver
A toita la jirafa
Quiero que me patalee
A ver quien se zafa
Revolviendo la masa
Quiero cuatro tazas
De zanahoria con calabaza
Tu me llevas
Volando por el campo
Despegao' del piso
Caminando en zancos
Con una canasta de patanco
Pa' caminarle por encima a los barcos
Hasta llegarle a tu cordillera
La que me sana de to la curandera
Por ahi hay rumores
De que tu eres
La suerte de tos los colores
Un huerto repleto e frijoles
Mucho collar adornao'con caracoles
Tu nombre me salio en las tres tarjetas
Me lo dijeron los cometas
Que me meta
Hasta el fondo sin chapaleta
Que me fuera en el viaje
Sin maleta
Para darle la vuelta completa
A to' el planeta
En una colchoneta
Zapa
Zapa
Zapa
Zapateala suela
Vamo'a enrroscar la arandela
Dame
Dame
Dame
Dame un poco de nutella
Contigo yo me voy sin na
A capela

Ella eeee eeee
Ella eeee ella
Ella eeee eeee
Ella eeee ella

lunes, diciembre 10, 2007

aterrizaje inapropiado

a iván ballesteros en pleno concierto de narices

yo no sabía bien qué pedo. Yo estaba sentado nada más mirando el Sena. Hágase la luz hijo puta!!!! y yo: no mames, este tipazo se pasa del lanza, le ha de gustar mucho el garcheo, venga pa' ca. y desde el cielo una voz, LA PUTA QUE TE PARIÓOOO. Yo nací un día que dios estuvo enfermooooooo. y entonces el Tsunami. yo ni sabía exactamente, como una actriz pendeja, que dijo que el tsunami era un rollo que se partía como en ocho partes y que tenía queso filadelfia por dentro. murieron muchas personas. y beckett con sus pantalones, contando chistes a diestra y siniestra, yo qué putas sé cuánto tiempo se tardó dios en hacer el mundo. un puñetón mental, la inflación, el meteorito, el concierto de soda, la tarántula en la mano de de macaulai culkin, escupes, flemático, una pelota de beisbol. mi padre me llevó a conocer a fernando valenzuela, y fue el único autógrafo que he tenido. ¡¡¡LA PUTA QUE TE PARIOOOOOOOOOÓ, comepingas de mierda!!!!!!! el problema es que se originó un conflicto en mi mente: pepe el toro no era el mismo pitcher de los dodger de los ángeles, y eso para mí, la cosa de la dualidad nunca se me ha dado, me pareció aborrecible. por eso perez-reverte no debe enojarse porque el domingo le grité en garibaldi "¡maestrazo!" pintándole un dedo. porque no quiero su autógrafo, además me caga la narcoliteratura, y para acabarla de chingar iba a acompañado del mongolito de xavier velasco. ¡LAS NALGAS DE TU TÍA, CONCHA TU MADREEEE!! ya ni decencia hay acá en Francia. todo está nublado y un pelotudo cara de idiota está cagando desde la torre eiffel. una paloma, a medio vuelo, se estrella contra un poste con los ojos cubiertos de cagada. yo no soy dark, pero odio la luz. donatelo no tenía pupilas como las demás tortugas ninja, esto lo digo, porque pisé una rata que me recordó a splinter, sensei. y me mudé después de que dios andaba tan grosero y que toca a la puerta y me dice en vos baja y algo ronca: he, putito, que he traido un par de tetas, ¿quieres que te apunte para la fiesta, comemierda? abre la boca, tarado, huevón, las moléculas del lsd se incorporan a tu adn. y entonces mi maestro de biología con una baba asquerosa levanta su dedo meñique con su uña crecida: ¿de ésta también quieres, pocholo? luego me tragué el mar.

domingo, diciembre 02, 2007

ave tánatos


Los hombres más apuestos de este país -es decir, Óscar Benassini y yo, fuimos al cine. Óscar y yo no tenemos ningún romance, no somos putos. Es decir, no somos gays, pero sí un poco putos, eso dice la gente, aunque no sé por qué demonios. Hay un dicho que podría aplicar: Cría leones y échate a dormir. Fuimos al cine a ver una magnífica película de arte: Hitman. Digámoslo de esta manera: Nika. La coprotagonista -una puta deferente, que cada rato quería entregarse a nuestro agente 47 con ese cuerpo magnífico y rojo, bolchevique- vale el Oso de Oro. Salimos de la sala con una erección magnífica, como si saliéramos del cine Teresa. El agente 47 es calvo, o más bien se rasura la cabeza y tiene un código de barras apenas encima de la nuca. Cuando entramos en el metro Hidalgo (porque esa noche decidimos dejar el Mini Cooper en casa y respirar aire fresco) las cosas estaban rarísimas. En el anden que nos traería de vuelta a casa había un tipo vestido como el bajista de los Cadetes de Linares, y justamente enfrente, en el andén contrario, estaba un doble suyo. Éran como un espejo diabólico y todos -calvos o rasurados- en el metro (bueno, la gran mayoría) portaban un cráneo lustroso. Benassini me dijo "Aquí estamos inseguros, debimos traer nuestras estrellitas ninja". Lo miré un poco confundido pues para derrotar a todo ese ejército de hombres sin un pelo en la cabeza debíamos traer cajas de shurikens (término ninja para esos aparatos mortales). "Necesitamos un milagro, un santo, quizá rezar nos funcione". Óscar cerró los ojos con parsimonia. Los trenes -de las dos direcciones- se detuvieron. Dentro había una sorpresa para nosotros. Cientos de personas cargaban lo que nosotros en ese momento pensamos era nuestra salvación, nuestro regreso al catolicismo: vírgenes con trajes de seda y encaje. "Nos salvamos, amigo, abre tus ojos artísticos". Entonces yo los cerré de alegría, de amor celestial, relevando la oscuridad de Óscar Benassini. "Estás imbécil, Franco, ahora sí estamos fritos" dijo susurrando en mi oído lo que hizo que soltara la mano de dios redentor en mi mente. Cuando abrí mis ojos azules, Benassini tenía los suyos tan abiertos que pensé que se saldrían de sus órbitas. "Moriremos esta noche y no haré el amor con mi novia nunca más" dijo al mismo tiempo que salía una lágrima de su bola ocho izquierda. Se abrieron las puertas. Dentro hombres con mirada plúmbea cargaba las vírgenes oscuras. Se trataba de una conspiración dolorosa de hombres que cargaban esqueletos con guadañas. Pero no solamente eso, sino que estos seres pequeños, hechos de cerámica, con trajecitos de divinidad robada, sonrerían con todos sus dientes sobre una canasta llena de flores de donde brotaba la muerte. A su lado -al lado del hombre perdido en el limbo que lo cargaba- estaba una mujer por cada hombre, una mujer que miraba atenta como si en cualquier momento una bomba fuera explotar y ella fuera a dar su vida por la muerte. No había otra cosa qué hacer -a falta de nuestras shurikens-, decidí que era mejor morir en un culto peregrino y oscuro, que a manos de los pelones y los norteños. Jalé con fuerza a Benassini -que ya tenía una temperatura glacial- hacia dentro del tren y temblando dimos los pasos necesarios para nuestro destino. Tres estaciones. La ETA nunca apareció, las mujeres con sus pupilas dilatadísimas esbozaban una leve sonrisa. Óscar se hincó y dijo "Hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé..." y le tapé la boca inmediatamente porque en ese vagón dios ni debía ser mencionado, aunque el poema fuera precisamente una devoción a los heraldos negros. Creí conveniente decir algo porque las damas con mirada de lobo hambriento nos observaban como bichos raros: "He nevado tanto para que durmieras". Con mi cabeza agachada y mis brazos apuntando a la muerte más cercana. Era una posición muy parecida a la de los guerreros cuando son nombrados caballeros por un rey. Las cosas iban de maravilla. Nos perdonarían nuestra vulgar existencia después de tal sentencia, después de tal oración negra. Benassini se tapó los ojos con sus dos manos peludas haciendo de su imagen un grotesco energúmeno capilar. Todos comenzaron a reírse muy fuerte. En ese momento los dos sentimos algo mutuo -no somos gays-: nos sentimos sumamente ridículos. Nos pusimos de pie. Y nos bajamos en la siguiente estación. Medio kilómetro antes de casa. Antes de salir los dos con las piernas con un 6.5 grados richter de las escaleras a la vida, a la noche llena de vagos, asesinos, violadores, taqueros que cocinan perros y putas graciosísimas, venía hacia abajo (o hacia dentro) del metro otra pareja que cargaba con aplomo a otra virgen oscura. Me atreví a preguntarle "Oiga, ¿qué es esto? ¿Por qué todos cargan a esta flaquita?" La mujer tapó su boca como si fuera una dama victoriana y soltó una espantosa risita misteriosa. "Cada primero de cada mes es su día. Día de la Santa Muerte. Tenemos que amarla. Ámenla ustedes también". Y la inclinó para que nosotros la besáramos. Lo hicimos. Sabía a cocaína. O tal vez fue que al movernos en ese ángulo, una toxina en nosotros se activó. "Viva la Santa Muerte" dijo Óscar Benassini. "Es cierto, larga vida" secundé. A ellos les pareció una broma de mal gusto. Y bajaron como flotando hacia el infierno donde necesitaban meter un boleto de dos pesos para bailar entre los condenados. Llegamos a casa. En Wikipedia leímos que la iglesia católica condena esas actividades. Comprendimos por qué la poesía era ridícula. Una oración inaudita será repetida el próximo primero de enero: "Santísima Muerte de mi adoración, no me desampares de tu protección"; esta oración puede tener la variante: "Santísima Muerte de mi salvación, no me desampares de tu protección". Nos salvamos y fue adorable. Viva la muerte.


one

Suena el celular.

Te necesito Hugo Belliard, estoy en Linkside y Roth Avenue. Ven ahora mismo.
Hugo ha dejado un billete de cincuenta dólares junto al estofado casi entero. Sale sin despedirse de nadie del restaurante. Detiene un taxi.

— A Goodmack Park, de prisa.
— Sí, señor.

Saca un cigarrillo, lo pone en su boca. Piensa en el billete que ha dejado. Enciende el tabaco. El hombre de la boina gris lo mira de reojo por el retrovisor. Se intimida, mira por la ventana derecha. Una mujer muy atractiva, por sus ropas piensa que es una prostituta, se acomoda el sostén discretamente. Ella piensa que nadie la está mirando. Es de lo peor tener esa certeza tan equívoca. Se imagina a sí mismo desnudo en su habitación, con la lámpara encendida junto a su cama. Detesto pensar que alguien esté espiando cuando me masturbo por las noches. Lleva una cara de desagrado, piensa en todas esas manías que tiene cuando se queda en un hotel fuera de la ciudad. No quisiera que alguien me observara cuando me meto los cubos de hielo en el culo. Muerde sus labios, ha empezado a sufrir una erección leve.

— Listo, señor. Son siete dólares con quince centavos.
— Quédese con el cambio.

Cubre su sexo con la gabardina. Se pone sus guantes negros. Le quita el seguro a su revólver y pone el silenciador. Se cerciora que tenga las balas suficientes mientras se acerca al buzón que está junto al semáforo. Ahí está el hombre que llamó hace un rato pero no se ha percatado de su presencia, una sombra que se aproxima desde la oscuridad del parque. Se para justo detrás de él. Le pone el cañón en los lumbares.

— Esperaba que llegaras en taxi.
— No soy tan idiota.
— El mismo Belliard de siempre.
— No hay otra manera de sobrevivir.
— La suerte se acaba, Hugo, lo sabes. Hudson te busca.
— Lo estaré esperando. Sabes que no puedo dejarte vivir.
— Piénsalo bien, yo sé dónde lo ocultaron.
— Lo encontraré de alguna manera.
— Espera…

La bala atraviesa el estómago del hombre y su cuerpo se vuelve tenso. Hugo lo abraza y lo lleva a una banca que está justo detrás de ellos. Se sientan. Enciende un cigarrillo, se lo pone en los labios y su cabeza cae hacia atrás. Tienes razón, es una noche linda. Voltea hacia los dos lados de la calle. Se toca el miembro y sonríe. Se levanta, atraviesa Roth Avenue y dobla en la esquina. Regresa al mismo restaurante que tiene servicio las veinticuatro horas. Ordena un café y pide la carta.

jueves, noviembre 29, 2007

esas cosas que hace Faerch a los 12


miércoles, noviembre 14, 2007

Sinos A.C.

Primer fragmento

Faerch se puso una máscara de payaso y le rebanó el cuello a su padrastro. Luego, con un bate destrozó la cabeza de su cuñado en turno. Después, subió las escaleras con cierta inercia, con emoción -la misma exitación que experimenta un predador hambriento cuando encuentra un antílope desprotegido, incauto- entró en la habitación de su hermana que, bañada en sudor y semen, escuchaba música con unos audífonos. Faerch entendió en ese instante la carne, su estructura frágil, su talento para derrumbarla. Acarició su muslo delicadamente. Ella, harta de una cópula sin coreografías, sin retorno, se negaba al contacto de quien ella creía era su novio, el mismo que en la cocina -en ese momento- tenía la cabeza reventada como una calabaza que se cayera por accidente desde un séptimo piso. Ella abrió la boca para identificar a su hermanito, pero en vez de expulsar una amenaza, de su boca salió un gemido quedo, hacia adentro, al mismo tiempo que entraba oxígeno a sus pulmones por última vez. El cuchillo inmenso, vikingo, cortó de un tajo el esfínter, y los ojos de su hermana se abrieron como nunca antes. Luego volvió a salir, y luego volvió a entrar separando la arteria esplénica y partiendo en dos partes no tan iguales el estómago de Nancy. El cuerpo asexuado, que antes se postraba ante George como un fruto maduro para darle sexo oral por doce minutos antes del coito, se manifestaba suelto, flojo, golpeado, triste, torpe, como si el arnés de sus huesos hubiera desaparecido, mientras Faerch seguía penetrándolo con un arma menos biológica, menos ortodoxa, en cambio aún más mortal.

Cuando vi a Faerch (claro, también las nalguitas expuestas de Nancy) lleno de sangre, con el cabello revuelto y su camiseta de Kiss, me recordó inmediatamente a L, mi hermano. Aunque Faerch habría podido prescindir de la camiseta ochentera, el cabello rubio, largo, y sus ojos claros, me hacían viajar a mi infancia a velocidades eléctricas. L y yo comprábamos camisetas de bandas metaleras a los doce años. En una ocasión habíamos decidido ahorrar para comprar una camiseta encantadora -negra, por supuesto- de Exploited. Una ropa magnífica que en su frente mostraba a un cráneo de perfil entre contento y enojado, o como si hubiera estado inhalando cocaína aproximadamente dos días sin parar. Sus cabellos eran huesitos que emulaban el look siux, una línea de calcio levantada que se conoce como mohawk. Nos turnábamos para usarla. Lunes, miércoles y sábado si caiga águila en el volado. Aunque curiosamente nadie pudo usarla en sábado, el día perfecto para salir a una fiesta mostrando aquel enorme símbolo de rebeldía y oscuridad que habitaba nuestro pequeño cuerpo que apenas rebasaba una década. Yo la tenía en mi escuela, me sentía maravillado, porque había chicas que tocaban mi virgen pancita cuando delineaban el contorno maldito de esa cabeza dopadísima. Hay que confesarlo, la camiseta olía un poco raro, porque me había tocado usarla en martes, un día después que L, quien la había bautizado con los efectos secundarios de la pubertad, en la que entrábamos con cierto sigilo. La camiseta olía a axila. Obviamente no la había lavado, por dios, era un niño. Quisiera seguir dando esa excusa, pero ahora digo "por dios, soy divorciado" o "por dios, soy hombre".

Bien. Era martes y estábamos mis compañeros y yo, observando el panorama urbano y folclórico que se nos presentaba a nuestra vista todos los días: El hospital psiquiátrico Nava. Yo miraba con cierto desconsuelo a esos hombres que se asomaban por las ventanas a decirme "como me ves te verás". A la fecha sigo marcado de la frente, como si la mirada y su índice verdugo, apuntándome, hubieran dejado un estigma que en estos preciosos días se infectan de alucinaciones. He atribuido, gracias a ello, que todo lo extraño que sucede en mi vida es un performance que empezó a la hora de la gelatina, esa hora exacta en que los desahuciados, los maniáticos, los suicidas se sentaban en el comedor que daba a la calle para almorzar un estofado que mi madre les preparaba, para después alimentarse de keratina como postre. Sí, mi madre trabajaba ahí. Era la cocinera. Nos había puesto en una escuela cerca de su trabajo para que los inadaptados de mi barrio no fueran a contaminar mi mente, porque, claro, ella sabía perfectamente qué la monomanía se podía transmitir mediante un proceso de aerobiosis. Aunque su técnica que consistía en cerrar continuamente las ventanas del sanatorio para que no se escaparan aquellas células malignas, al mismo tiempo que ella abnegadamente sufría las consecuencias, no contemplaba que esta enfermedad podría ser hereditaria, otro de los términos más utilizados por mi madre, esa señora que hoy está sentada en una mecedora junto a un teléfono desconectado, esperando su vuelo a Australia para lanzarle un pedazo de pan a los canguros, como si se tratara curiosamente de una parvada de palomas.

Mirábamos el hotel de los perdidos, como casi todos los días, y entonces pasó algo extrañísimo. Atravesó nuestras miradas condenadas un bólido de color amarillo por la calle que separaba el manicomio en el que yo me encontraba, del manicomio en el que mi madre se encontraba sirviendo gelatinas de frambuesa. Un hombre viajaba con prisa sobre un triciclo en el que seguramente en otra situación traería una olla caliente llena de granos de elote para coctel, pero que en esa ocasión especial llevaba unos cartones, y botellas de cerveza de un litro. A tan sólo cuatro metros de nosotros el estruendo sonó como una catástrofe, como la señal que necesitábamos para darnos cuenta que las cosas no estaban nada bien en nuestro interior. Como si nuestras almas pequeñas, oscuras y ciegas, se hubieran quebrado por dentro.

Faerch tomó a Bu, su hermanita de un año y medio, por las piernas. En uno de los lados del cuchillo feroz y famélico se reflejó la risa de un infante que pronto se pondría a llorar de frío. La máscara de un payaso en la cara de un niño, estaba manchada de sangre desde la nariz hasta la barbilla.

sábado, noviembre 03, 2007

toole otra vez

Ayer compré un libro: La biblia de neón, a mitad de precio en el Conejo Blanco, una cafetería y librería a una calle de la oficina. He hecho algunas anotaciones que nada tienen que ver con esta nueva adquisición, sino con su autor.

1969. 26 de marzo. La imagen es absurda. Toole está sentado frente al volante. La ventanilla junto a él sostiene –a presión- el extremo de una manguera que está conectada al escape. Intuyo que se trata de una combi de la marca alemana nazi, modelo 66. Obviamente el motor está prendido. Y el cuerpo de Toole, que se pierde de a poco en una mancha gris, se vuelve cada vez más flojo. Su silueta pierde los contornos y se dobla casi imperceptiblemente. La carta -junto a su cuerpo sin conocimiento y de tonos azules- podría tener escrito lo siguiente:

Asesino, al mismo tiempo, una parte de M, aunque incluso termine con mi vida.

J.K.T.

M, o Madre, que tiene por nombre de pila Thelma Ducoing, no lo sabe, pero esa misma noche, mientras toma el té, se preguntará por qué diablos su hijo sigue afuera. Pensará en días anteriores. Toole regresando a los dos minutos de haber salido, entrando por la puerta con una sonrisa forzada mugiendo olvidé esto, aquello, lo otro. Pensará en el padre de Toole, en lo distraído que era también. En su mente se reproducirán las imágenes que ha visto en la televisión: una estructura helicoidal que un tal James Watson y un tal Francis Crick, dicen tienen los humanos en el cerebro. Más adelante, quizá cuando haya dado su quinto sorbo a la taza. Un relámpago cruzará su seca espina dorsal. Habrá de levantarse. Se asomará quizá, primero, por la ventana, y después, con sus fuerzas –casi últimas-, correrá hasta el automóvil. Saldrá un demonio opaco que se secuestrará el alma de su hijo para la eternidad.

Otra vez, la imagen es absurda, rarísima. Walker Percy –el editor- se ríe a carcajadas con un manuscrito de Toole que su madre ha llevado bajo su brazo. En 1980, un año antes de que yo naciera, Percy publica La conjura de los necios. Yo también me río sentado en un autobús. Me cago de la risa, no hay mangueras, ni humo.

lunes, octubre 22, 2007

la memoria de los payasos

Al Pío Daniel sin recuerdos, claro

Los payasos, lo que menos deben tener en la vida es memoria. Si uno de esos monolitos encargados de mantener la risa en el mundo, tiene reticencia, si tiene impresiones en su mente, está perdido. En la acción tierna de empequeñecer la tristeza humana en la alteridad, está recluido precisamente el ensanchamiento de su fracaso. Hacer reír debe ser un cortejo con la saudade, con la soledad. No hay nada más hermoso y gracioso que la tragedia de los otros; es así, que bajo esta premisa, los payasos actúan, debajo de ese difraz en ellos no hay más que un pretexto para negar el fraude de la risa, la tomada de pelo. Por eso los gorditos son tan infelices. La mayoría de los gorditos son bien chistosos, pero no son completamente unos payasos, sino unos seres inconformes que no les queda de otra que burlarse de su propia vida. Mientras que los payasos no tienen otro objetivo en la vida que hacer reír desde una identidad apropiada que esconde la desnudez perpetua de un hombre que no tiene futuro alguno en la alegría. Contemos la historia Daniel. La historia de tu armónica.

Es cierto, Daniel, tú tocabas la armónica. Espera. No es que fueras campirano. Ni siquiera traías una espiga entre los dientes, ni tenías los dedos llenos de leche de vaca. No, para nada. Siempre hemos sido bien citadinos. Nos gustan los Pixies, el guacamole, los libros y el cine León Felipe, y todo eso. Lo que digo es que tocabas la armónica mientras tus pantalones, amontonados sobre tus tobillos, florecían unos boxers inauditos, pioneros, arrogantes, los que el público no podía dejar de mirar porque pensaste que imprimir un Kafka sobre ellos sería magnífico para la siguiente muchachita tetona y con cara de intelectualoide que te bajara los pantalones en una noche de pasión protozuaria, germinal, donde tus manos siempre guardaban el olor de una vaginita húmeda (Me decías, huele, toma, huele, y extendías tu mano a mi rostro. El olor no se quita ni con jabón). Pero no fue así, Daniel. Yo te bajé los pantalones. Tú estabas inmutado diciendo Corazón de manzana, corazón de manzana, atragantado en la garganta, si te acercas me mato.

Nos hacíamos llamar Los Payasos Envinados. Músicos anti musicales. Exploradores del ritmo y la rima en pleno ejercicio de lo visual, de lo literario, tu pa tupá tu pa cla clac tipá. Decidimos que yo haría el performance: desnudarme mientras comían todos los asistentes, cerca de 2oo personas que jamás se esperaron verme en pelotas. Comenzamos a tocar, y yo, bajo los efectos de alguna sustancia que había decidido meter en mi cuerpo para tomar un poco de valor, empecé por quitarme la ropa como si estuviera haciendo un strip tis iracundo, pero inmaculado, genuino porque rayaba en la ingenuidad, en la alteridad, en el símbolo infrahumano de mis nalgas hinchadas de tanto estar sentado en las lecturas de Horas de Junio (el culo en en forma de mira), y todos ahí, mordiendo su pechuguita, su piernil de pollo, y ahí voy, a la mesa, a restregarles mi culo imberbe, pelón, feliz, moviéndose de acá a allá, corazón de manzana, corazón de manzana, atragantado en la garganta, si te acercas me meto. Y los ancianos hacían gestos desaprobatorios y los hombres se sonrojaban, esos no son escritores, esos son unos payasos, y cuando miraban nuestras narices rojas, se percataban del sentido de nuestro título. Payasos Envinados, maestro, no barbones presuntuosos. Bailamos bien agusto, y mira, mi culo te saluda.

Y las mujeres estaban encantadas con mis pelotas, con mi nariz roja, con mi cuerpo madurito, como el pollito que entonces el sobrino de Mariano Azuela mordía como si mordiera mi muslo, mi cuerpo sudadito, tierno, enfiestado, dopado, sabroso, envinado. Y toma que dale, mis bolas rebotaban y sentí un leve calambre, un poco de dolor abdominal, anal, porque estos golpecitos, por más simples que sean te duelen hasta el fundillo (como dirían los escritores sonorenses).

Ya estaba en ese punto en que la cordura es un pan duro que no quieres comer con un espaguetti a la boloñesa, o como un chango que no quieres abrazar porque se acaba de meter sus deditos lindos en el culo para oler esa fragancia mística de su recto astrolopiteco. El caso que me importó un bledo mi disfraz primero como diría algún poetastro memei, no me importaba que todos me vieran como mi mamá nada más me había visto, en cueros, lleno de pelitos esparcidos al azar en toda la planicie morena de mi coraza. Y seguías cantando y tomaste la armónica, ni el putín cara lagarto de Jim Morrison tenía tal estilo, Daniel. Tus ojitos, llenos de morbo, de alcohol, de canavis sativa, de protagonismo, de egocentrismo, me llevaron a ti, como esquirlas de piedra atraídas por un imán musical que sin orden universal ni dadá salían de tu instrumento.

Decidí que debías mostrar algo de tus cueros y te quité el cinto, las mujeres empezaron a emocionarse al punto en que gritaban barbaridades como ea franco ea franco, dáselo todo, quítaseo al papito, sácale el macanón, sácale la verga, ea ea franco. Yo me puse totalmente rojo pero la tarea ya l había iniciado y la gente, sorda musicalmente, pero atenta a la imagen, a la rotunda capacidad chipendeil que teníamos. Yo no dejaba de mover el bote mientras te desbotonaba el pantalón y tú no perdías ese ritmo extraño que ahora se le conoce como reactable y que Björk estrenaría en Londres como un algo revolucionario. Pero nosotros ya sabías qué significaba el reactable, Reacción, Table. Reacción humana ante nuestro Table dance improvisado y secreto, shandy, inmorta, magnífico. Y cayeron tus pantalones y tus boxers, divinos, arcanos, tenían un Kafka con ojos perdidos y todos se quedaron quietos, asamsados, inmóviles ante la aparición terrible de Franz y los tambores se detuvieron. Si te acercas, me mato.

Pasamos a la historia como unos payasos. Y la gente que asistió hasta la fecha piensa que hicimos el ridículo. Pero qué va, claro que lo hicimos. Dicen Deleuze y Guattari que la edipización, esa herramienta del lenguaje que hace crecer la ridiculez del tutor de Kafka en Carta al padre solamente es un instrumento para hacer estallar la imagen, la figura paterna elefantiásica que terminará por ser una caricatura de la imposición. Esta es la historia:

Eran unos hombres detrás de una nariz roja...

jueves, octubre 18, 2007

diario poético




















ARTEFACTOS



Nicanor Parra

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Nota: De haber sido posible un mundo de ciegos, Nicanor Parra, Enrique Lihn y Alejandro Jodorowsky, hubieran hecho poesía en braile. Lo tremendo es que "Quebrantahuesos" después de 55 años aún parece hecho de recortes actuales, si no, chequen el bonus track de este post...


















martes, octubre 16, 2007

diario poético





joan brossa

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Entre las cosas más deliciosas que me han pasado en la ciudad
de México, ahora que tengo poco más de dos meses: un libro de Joan Brossa que me vendió en 10 pesos una señora con un parche en el ojo derecho, en una librería que está saliendo del metro que me lleva a mi casa. La librería está entre una pollería y un puesto de ropa para perritos.


jueves, octubre 11, 2007

diario musical


BAT FOR LASHES

What a girl to do


We walked arm in armBut I didn't feel his touch
A desire I'd first tried to hide,
That tingling inside was gone
And when he asked me:
'do you still love me?'
I had to look away
I didn't want to tell him
That my heart grows colder with each day

When you love someone
But the thrill is gone
And your kisses at night
Are replaced with tears
And when your dreams are on
A train to train wreck town
Then I ask you now, what's a girl to do?

He said he'd take me away
That we'd work things out
And I didn't want to tell him
But it was then I had to say
Over the times we've shared
It's all blackened out
And my bat lightning heart
Wants to fly away

When you love someone
But the thrill is gone
And your kisses at night
Are replaced with tears
And when your dreams are on
A train to train wreck town
Then I ask you now, what's a girl to do?

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Nota: Doris Lessing ganó el Nobel de Literatura. Por su discurso femenino esta rolita de Bat for lashes, aunque algunos se hayan molestado por esta decisión de la Academia Sueca. Hablando de enojados, y de patanes, gracias por seguir visitando este blog, memín y cía. A los demás besos.

martes, octubre 09, 2007

diario musical




Hot Chip

Playboy

April, the cruelest month
I reckon this much could be a contender
There's only so much sorrow a man can take
I cant change my face, Don't you remember

You know when I was on the road
That me and you was on the rocks, so low
Should never have got talkin' all that jive
Now theres only one way for me to stay alive

Drivin' in my Puegeot hey-ay, yay-ay
20 inch rims with the chrome now hey-ay, yay-ay
Blazin' out Yo La Tengo hey-ay, yay-ay
Drivin' round poppin' with the top down hey-ay, yay-ay

Drivin' in my Puegeot hey-ay, yay-ay
20 inch rims with the chrome now hey-ay, yay-ay
Blazin' out Yo La Tengo hey-ay, yay-ay
Drivin' round poppin' with the top down hey-ay, yay-ay

So long to contentendedness
I reckon next time I'll march in favor
So long I've felt a blessedness
No more is this a taste I want to savor

I Know how I dig you on
You can know only see, so far
But never was there more to say
Less, to do, before, turn away

Drivin' in my Puegeot hey-ay, yay-ay
20 inch rims with the chrome now hey-ay, yay-ay
Blazin' out Yo La Tengo hey-ay, yay-ay
Drivin' round poppin' with the top down hey-ay, yay-ay

viernes, octubre 05, 2007

diario musical


INTERPOL

Slow Hands


Yeah but nobody searches
And nobody cares somehow
When the loving that you've wasted
Comes raining from a hapless cloud
Then I might stop and look upon your face
Disappear in the sweet, sweet gaze
See the living that surrounds me
Dissipate in a violet blaze

Can't you see what you've done to my heart,
and soul?
This is a wasteland now

We spies, we slow hands
You put the weights around yourself
We spies, oh yeah we slow hands
You put the weights all around yourself, now

I submit my incentive is romance
I watch the pole dance of the stars
We rejoice because the hurting is so painless
From the distance of passing cars
But I am married to your charms and grace
I just go crazy like the good old days
You make me want to pick up a guitar
And celebrate the myriad ways that I love you



Can't you see what you've done to my heart,
and soul?
This is a wasteland now

We spies, yeah we slow hands
You put the weights all around yourself
We spies, oh yeah we slow hands
Killers for hire you know that yourself

We spies, we slow hands
You put the weights all around yourself
We spies, oh yeah we slow hands
We retire like nobody else
We spies, intimate slow hands
Killer for hire you know not yourself
We spies, intimate slow hands
You let the face slap around herself

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nota: la letra no es mía, idiotas anónimos.

jueves, octubre 04, 2007

diario musical


POLLY JEAN HARVEY

Down by water


I lost my heart
Under the bridge
To that little girl
So much to me
And now I'm old
And now I holler
She'll never know
Just what I found

That blue eyed girl
(that blue eyed girl)
She said "no more"
(she said "no more")
That blue eyed girl
(that blue eyed girl)
Became blue eyed whore
('came blue eyed whore)
Down by the water
(down by the water)
I took her hand
(I took her hand)
Just like my daughter
(just like my daughter)
Won't see her again
(see her again)

Oh help me jesus
Come through this storm
I had to lose her
To do her harm
I heard her holler
(I heard her holler)
I heard her moan
(I heard her moan)
My lovely daughter
(my lovely daughter)
I took her home
(I took her home)

Little fish. big fish. Swimming in the water.
Come back here, man. gimme my daughter.
Little fish. big fish. Swimming in the water.
Come back here, man. gimme my daughter.
Little fish. big fish. Swimming in the water.
Come back here, man. gimme my daughter ....

miércoles, octubre 03, 2007

diario musical


The Knife

Heartbeats


One night to be confused
One night to speed up truth
We had a promise made
Four hands and then away
Both under influence
We had divine scent
To know what to say
Mind is a razorblade

To call for hands of above, to lean on
Wouldn't be good enough for me, no

One night of magic rush
The start: a simpel touch
One night to push and scream
And then relief
Ten days of perfect tunes
The colours red and blue
We had a promise made
We were in love

To call for hands of above, to lean on
Wouldn't be good enough for me, no

To call for hands of above, to lean on
Wouldn't be good enough

And you
You knew the hand of a devil
And you
Kept us awake with wolves teeth
Sharing different heartbeats in one night

To call for hands of above, to lean on
Wouldn't be good enough for me, no

To call for hands of above, to lean on
Wouldn't be good enough.

lunes, octubre 01, 2007

diario musical



G.P.

recomendación de hoy:

CONFIANZAS


Se sienta en la mesa y escribe
Con este poema no tomarás el poder, dice
Con estos versos no harás la revolución, dice
Ni con miles de versos harás la revolución, dice

Y más
Esos versos no han de servirle para que peones
Maestros hacheros vivan mejor
Coman o él mismo coma, viva mejor
Ni para enamorar a una le servirán

No ganará plata con ellos
No entrará al cine gratis, con ellos
No le darán ropa por ellos
No conseguirá tabaco o vino, por ellos

Ni papagayos, ni bufandas, ni barcos
Ni toros ni paraguas conseguirá por ellos
Si por ellos fuera la lluvia lo mojará
No alcanzará perdón o gracia por ellos

Con este poema no tomarás el poder, dice
Con estos versos no harás la revolución, dice
Ni con miles de versos harás la revolución, dice
Se sienta a la mesa y escribe...

viernes, septiembre 28, 2007

Diario apócrifo

Jueves 27 de septiembre

La oficina estuvo silenciosa, ígnea, inamovible, hasta las siete de la tarde cuando todos se fueron. B y yo nos quedamos mirando videos musicales en el procesador. En casa, no pude dormir. Por accidente, mientras le daba continuidad a la búsqueda de videoclips pero en casa, caí con una banda que me gustaba mucho cuando tenía 15 años. Desftones. Luego Rage Against The Meachine, Korn, 311, System of a Down, luego otros. A las tres de la mañana pude cerrar los ojos, antes un cigarro, un perro aullando a lo lejos, un cenicero, una cobija doblada, una almohada improvisada, luego nadie.

jueves, septiembre 27, 2007

Diario apócrifo

Miércoles 27 de septiembre

Por la mañana me encontré con el ninja. Es cierto, no tiene un solo pelo de oriental, ni de occidental, ni de rana, porque está calvo -lo que me hace pensar en mis entradas, en lo inminenete de mi caída-. Le pregunté en silencio si debía usar ese atuendo tan ridículo, tan Daniel San, tan democráticamente anticuado. Pero ni me escuchó, ni quise que me escuchara, porque tenía una bolsa de tela llena de armas punzocortantes, la cual observé con cautela para no indignar a ningún espíritu samurai. En sus manos tenía una katana, el muy mamonzete seguro se creía Tom Cruise en plena armonía con algún dragón caraculo que vive entre los árboles del Parque España. Llegué a la oficina. B me preguntó por qué diablos me había cambiado de ropa.

Según B, yo había llegado antes. Me dijo: Eras tú, entraste antes que yo, eras tú, la misma colita, el mismo caminar magnífico y elocuente, tu cabello revuelto, tu porte sofisticado, tu elegancia al saludar a las chicas, eras tú, el mismito movimiento soberbio de tu barbilla cuando disfrutas del aire, eras tú, F. Lo dijo algo así. No lo recuerdo bien.

En la noche nos fuimos a tomar unas cervezas en la Condesa. Miklos hablaba tan extraño esa noche. Quizá fue la bebida o un amor infernal hacia los felinos, pero contaba historias de su gato fortachón y su gato delicado de una manera tan exquisita como exacerbada, y de paso misteriosa.

Luego B y yo, a la una de la mañana entramos al baño de una Procuraduría de Justicia del DF y ahí, en las paredes, de manera autóctona, visceral, alguien rayó "chingue a su madre el licenciado Tijeras". Inmediatamente salimos los dos corriendo del baño, mirando de hito en hito al posible hombre ofendido en los mingitorios. Preguntamos varias veces por el licenciado Tijeras, pero no estaba, nos sentamos en los escalones, mientras comíamos unas tortas, a mirar los hombres con cara de Tijera.

En Polanco B y yo nos tomamos una botella de vino mientras hablábamos de mentiras y observábamos las luces al fondo, en los edificios, que evitan que un helicoptero, un ovni, se estrellen con la estructura. Luego Baylis, luego Jerez y luego Wiskhey. Dormirmos a las 4 y media de la mañana. Nos levantamos tarde Llegamos dos horas tarde al laburo y Nicolás Cabral nos dejó demasiado trabajo.

martes, septiembre 25, 2007

Diario apócrifo

Martes 25 de septiembre

Hace como dos notas anteriores en este diario, un tal "Guille" anuncia que tengo mucho ego. Eso es cierto. Además dice que ostento no sé qué demonios de un talento literario. No tengo ni puta idea de qué pretendía decirme o decir, o decirse así mismo, con tal construcción sintáctica que, cabe mencionarlo, es mala. Disculpa, "Guille" lo hago sin intención de ofender, seguramente fue un error de dedo, no sé. Sin duda, un eco se repite en mi habitación. Bueno, no en mi habitación, sino en mi mente, pero quise hacerme pasar por poeta, con eso de la ostentación, digo, me parece que esa palabra, en cualquiera de sus conjugaciones, aparece como trescientas ochenta y dos veces en el libro Ocho Siglos de Poesía, editado por la asquerosa editorial Porrúa. Y bueno, les decía, le decía a Guille (ya sin comillas, porque lo siento casi como mi amigo, mi hermano, mi mentor), me decía incluso a mí mismo, lo que Pierre Michon se dice en "Vidas Minúsculas": bueno, no hay luz. no encuentro la cita del francés. No. Eso no decía Michon en el libro. Mejor la pego mañana. Tengo sueño. Hoy, trabajo, avenidas en la Condesa. No más.

Diario apócrifo

Lunes 24 de septiembre

El trabajo fue muy pesado. Comí con B una torta en el Parque España. Buscamos un ninja que, según B, se aparece por las mañanas con una espada y hace ejercicio. No lo encontramos, regresamos a nuestro trabajo. Le dije a B que eso que usaba el ninja era un arma blanca, que podría ser arrestado. Respondió silencioso, encaminado hacia la verdad, dubitativo, que la espada era de madera. Miramos los árboles. El silencio permaneció hasta que entramos en la oficina.

Diario apócrifo

Domingo 23 de septiembre

No salí en todo el día. Ayudé a J con su tesis. Leí algunas noticas importantes, entre ella, la muerte de Pim. Marcel Marceau se ha inundado completamente en el silencio. Para siempre. Pienso en él. No tengo el rostro blanco pero emulo su pantomima, sin mencionar, los ancho de mis pantalones.

domingo, septiembre 23, 2007

Diario apócrifo

Sábado 22 de septiembre

No salí en todo el día de la habitación. Encontré algunas cosas de Warhol en la nevera. Es decir, en la computadora. Hoy desapareció uno de los perros que viven afuera de mi casa. He fumado tres tabacos en el día. Se acabó el whiskey. El teléfono sigue sin sonar. Escribir este diario se ha vuelto una necesidad que no puedo curar, pero dejar de escribirlo resulta más cómodo que sumirme en esa enfermedad intratable de buscar el punto final y no encontrarlo.

viernes, septiembre 21, 2007

Diario apócrifo

Viernes 21 de septiembre

El trabajo estuvo pesado. Publiqué varias notas. No comí nada en todo el día. En un momento de la tarde, después del laburo, donde B y yo nos separamos para ir cada quien a su casa, nos pusimos a definir la tristeza humana, la melancolía total de las personas que viajan en el metro, como nosotros, dijimos. Yo hablaba de lo absurdo de ese transporte, la pesadez, lo torpe de su muerte, el dolor de los túneles largos y vacíos llenos de gente que parece un cadáver atolondrado por la sequía de amor, de viento, de oxígeno. Nos separamos. Yo terminé en una colonia que no conocía del todo bien. Sentado, mientras comía una torta en una esquina, como si estuviera en una vitrina, me percaté que J me estaba esperando en una esquina. Me subí a su carro. Viajamos. No compramos el whiskey que habíamos planeado. Me quedé dormido junto a él y el tráfico seguía ahí, horrible, largo, tedioso, lento, infinito, y a un lado, apenas a diez metros, el animal idiota con todos sus vagones, ligero, huía de la soledad, del hastío. Luego me descalcé y volví a cerrar los ojos.

jueves, septiembre 20, 2007

Diario apócrifo

Jueves 20 de septiembre

Hoy estuve en la oficina. Se adelantó mi trabajo. Aprendí a subir los textos a la red por medio de un programa algo complejo. Mi amigo B se reía de tantas palabras desconocidas. Salimos a las siete de la tarde. Caminamos hacia el metro Sevilla y nos separamos en estaciones más adelante. Odio el metro de la ciudad. He encontrado una ruta algo más rápida para llegar a mi laburo desde este punto en el que estoy hospedado. Mañana entro a las 9 de la mañana por lo que tendré que salir de aquí a las 7 de la inminente madrugada.

Fui a la colonia Doctores, lugar conocidísimo por sus atracadores y violadores sueltos por la calle con armas en el pantalón y sonrisas tremendas. Me bajé de la estación a las 8 con diez minutos. Busqué en el mapa la calle Dr. Bernard. La encontré y me lancé como una presa ignorante a la madriguera de los lobos. Las calles eran demasiado oscuras, además de que estaban muy desalojadas. Algunas cantinas de las que se escapaban llantos y gritos ay ay ay, viva maruja, estaban como grutas, o como minas poseídas por demonios, y putas con lentejuelas en todo el cuerpo me decían papito, mírate no más, tan solito, ¿quieres que te cuide?

No soy decente, señora. No le conviene.

Dejé atrás a un par de lebianas con pelos planchados que me amenazaban con llamarle a su chulo. Diez metros. Treinta. Cincuenta. Se transformaron en sombras que entraban y salían de esa cantina que luego se convirtió en una luz tenue, la cual no permitía a sus monos alados salir de esa circunferencia, ese halo que entonces parecía una prisión, una caldera.

Centro Cultural Indianilla. Leonora Carrington está demasiado vieja. La semana pasada cumplió noventa años y ahí mismo le hicieron un homenaje. Había mucha gente. Mujeres del tipo intelectualoide, punks apestosos que huelen a gasolina, burgueses, jipis con la mollera rapada, como emulando la senilidad a la que están condenados, mujeres mayores que, ataviadas con telas y vestidos cortos, se veían exquisitas. En el lugar había cerca de 100 obras que acompañaban las esculturas de Carrington. Una mesa larga con bebidas. Gente a su alrededor levantando el dedo, gritando, mugiendo un vodka tónic, un tequila, un shoot, una paloma, un ron.

Más adelante estaban J, P y L, acompañados de una mujer llamada Lógica, me saludaron con abrazos. Le dije a J que si no hubiera estado ahí, seguramente habría tenido que regresar a esa calle donde seguramente una horda de neandertales me golpearían con palos y piedras. J no entendió y me dijo que mejor bebiéramos algo. Tomamos dos rones. Me guardé dos vasos en el saco. Son para tu madre, le dije a J. Ruy Sánchez pasó de largo y le dije a su esposa que era la más guapa de todas. En el segundo piso, Poniatowska llegó acompañada de una mujer que parecía bastón y se sentó con la artista, yo le grité Dumbo, Dumbo, Dumbo. Nadie me creyó que bajo ese seudónimo empezó a publicar en México. P y yo fuimos a tomarnos una fotografía mientras mordíamos una fresa, una uva. Atrás las dos mujeres sonreían y se sonrojaban de mi trasero al descubierto porque no traía el cinto y me había levantado el saco para cubrir los vasos que traía ocultos. Me harté. Nos despedimos de L, P y Lógica. Comeremos hongos el fin de semana, dijo P. asentí mientras un par de salamandras pasaron junto a mí provocando el mutismo. Pedimos el automóvil al valet parking. Nos fuimos. Un tráfico tremendo. Dos cigarrillos comprados a un señor que aprovechaba la ocasión. No cacahuates. No gomitas. Más adelante. Un accidente. Llegamos a casa.

Es media noche. En casa de mis padres son las diez. Seguramente cenan papas y frijoles. Yo fumo otro tabaco y me empino el café casi frío. A seis kilómetros de la casa de ellos, mi hija seguramente duerme y sueña que su padre escapa de una manada de antílopes, quizá de un grupo de cavernícolas nauseabundos que se empinan una cerveza mientras otro hombre, le rompe un taco de billar a otro en la espalda. Una puta tal vez se cubre el rostro. Hoy no cenaron su platillo favorito. Estoy vivo.

miércoles, septiembre 19, 2007

Diario apócrifo

Miércoles 19 de septiembre

Ahora estoy más solo que nunca. Ya tengo trabajo. Aunque decirlo así es poco. Tengo un buen trabajo. Me parece que de ahora en adelante las cosas salen mejor. Sin embargo, algo se mueve en mi mente. Algo parecido a la desgracia. Irónico el equilibrio en el mundo. No puedo pedir un empleo mejor, pero ahora tengo el corazón hecho pedazos.

En el camino a casa el metro venía atiborrado de personas neuróticas que solamente, como yo, querían llegar a su casa a tomar un café. El flujo contrario de las personas queriendo entrar en el vagón me impidió salir dejándome a medio metro de la puerta automática. Un hombre con cicatrices me miró despiadadamente, como si estuviera consciente de mi destino, de mi tragedia, ir a la otra estación para devolverme a esa misma en la que perdí todas mis fuerzas. Afortunadamente el tren traía un retraso por lo que no se cerró inmediatamente la puerta dándome la oportunidad de mirarlo a los ojos y decirle “ni lo pienses. Aquí se estará un buen rato. No tienes idea del tiempo que pasarás aquí mirando hacia afuera, preguntándote a qué hora avanzará el metro”. El hombre, sin gestos, solamente se movió de soslayo, como una tercera puerta autómata y sin dolor alguno, como programado para hacer ese movimiento sobre su propio eje. Salí.

Transbordé a la última línea del recorrido. Había, justo a escasos diez centímetros de mí, una señora con el cabello pintado. Una mujer cansada con los ojos cerrados, sostenida sobre su propio compás. No se sostenía de ninguna barra de seguridad porque otros cuerpos, incluido el mío, le otorgaban el placentero y exquisito arnés de carnes húmedas por la lluvia para dejarse consumir por su pesado sueño sin derrumbarse. Tenía un escote. Y aunque era una mujer de aproximadamente cincuenta o sesenta años no carecía de morbo. La miré un instante. Luego la volví a mirar en el reflejo de un cristal que quedaba frente a nosotros. Apoyó su rostro sobre mi brazo y la sentí respirar fuertemente. Así estuvimos cerca de veinte minutos hasta que el tráfico de personas disminuyó en estaciones varias. Me recordó a mi madre. Pensé en ella. Frenó el carro. Plaza Aragón. Bajé con los ojos cerrados evitando que se escurriera una de esas patéticas gotas de agua que lo delatan a uno.

Una tienda. Tres cigarrillos. Cambio de diez pesos. Le llamé a mi madre hasta ese lugar remoto y vacío que se esconde en mi memoria. Dios te bendiga, hijo. No pude decir te quiero, madre. Hoy pensé en ti. Colgué el teléfono.

jueves, septiembre 13, 2007

Cajetilla de Camels

Definitivimente a X


No es tan claro el orden de las imágenes en la memoria, Equis. Tú hablabas de algo que tenía que ver con eclipses y yo escuchaba atento tus desviaciones al tema. Caminábamos rumbo a la fiesta en la que ya casi al final, cuando menguan los insumos, nos habíamos ofrecido a para ir por cigarrillos a la única tienda de autoservicio que se encontraba abierta. Un kilómetro. Veinte pesos.
Decías –El eclipse lo oscurece todo y entonces los camellos se inclinan sobre sus rodillas en la arena más fina que hay en el planeta. Es de esperarse, son los tabacos que he fumado últimamente.

¿Cómo sería posible entonces precisar tu lenguaje? Yo me rascaba la cabeza y entrecerraba los ojos, mientras de nuestros cigarrillos se escapaban un par de fantasmas amorfos que delicada y fugazmente se unían en los extremos de sus cuerpos delgados para después, con el viento tenue que recorría la ciudad, perderse en la inmensidad de la estratosfera que en esos minutos dejaba pasar la poca luz de un astro que se oscurecía por la sombra de otro.

-Prefiero Marlboro, Equis.
-Eres un ingenuo. Estos tabacos en la portada tienen el grabado de un Egipto magnífico. Mira, la pirámide más grande está dedicada a Nefertiti.
-Nefertiti es un mito. No creo que haya existido.
-No estás actualizado, Efe.
-No soy una computadora. Equis.

Continuaste hablando, o escupiendo, algo inalterable, algo sobre tus sospechas de que Egipto era mucho mejor que cualquier otro lugar en el mundo. Pero dejé de ponerte atención, Equis. Los dromedarios tienen una joroba, ¿cómo puede ser que posible que los cigarrillos se llamen Camello? Tu monólogo inaudito sobre piedras preciosas me tenía al borde de la risa. –Es imposible, rotundamente improbable que esta ciudad que carece de esmeraldas, y que por el contrario tiene rocas secas, que tenga un porcentaje, aun el más mínimo, del misticismo que tiene el Egipto que está en esta cajetilla de tabacos. Es inútil, Efe. El camello se ve contentísimo. ¿No te parece que mueve la cola? Míralo, ahí, después de haber comido un escorpión o una lagartija.

En ese momento, a cinco calles antes de llegar a la fiesta, cuando levantaste tus manos para dibujar una sonrisa en tus labios con los índices y deletreabas c.a.m.e.l.l.o.c.o.n.t.e.n.t.í.s.i.m.o.e.f.e., tapé tu boca y solté implacable –Los camellos no comen eso. Además tienen dos jorobas, en cambio éste…
No pude terminar el derrumbe de tu hipótesis porque de la copa oscura de un árbol salió un hombre sin camiseta y las pupilas dilatadas. Nos paralizamos. Él se paró frente a nosotros, a dos metros aproximadamente, y me apuntó con un dedo muy chueco y sin uña.

-Yo te conozco. Eres la Voz.
-Y tú eres el suicida.
-Ése soy. Tú voz es inconfundible.
-En cambio tú, pareces más viejo. Sigues con vida.
-Reviso este árbol. Quizá sea aquí el lugar exacto.
-Hay eclipse. –Equis se puso detrás de mí.
-Ya lo sé. Simbólico, ¿no?
-Puede ser. Te deseo suerte.
-Mañana seré un fruto maduro.

Me tomaste de la mano y la apretaste muy fuerte. Te dije que la muerte era un chiste que muy pocos habían entendido. Reíste. Me besaste el cuello. Seguimos caminando, ahora a un paso más apresurado. Dijiste –Ésta es tu última noche conmigo. Y como si la aparición del suicida, cayendo de su árbol, y sus palabras y sus ojos llenos de saudade, hubieran sido un presagio, inclinaste la cabeza despacio. Murmuraste algo muy quedo.

-Mi avión sale por la tarde. Los camellos, Equis, hum…

Levantaste la cabeza y te volviste a poner detrás de mí. Volviste a murmurar.

-Otro eclipse. –dije.

De un salto me montaste y empezaste a gritar “Un chiste exquisito, Efe, exquisito”. Te apreté por los muslos y tú pasaste tus brazos alrededor de mi cuello. Nos moríamos de risa.

-Ni lo pienses, no soy un camello, Equis.
-Tienes razón. Este animal, el de la cajetilla, Efe, tiene una sola joroba. ¿Puedes creerlo? El muy taimado.

No sé si lo recuerdo bien. Llegamos a la fiesta y todos fumamos c.o.n.t.e.n.t.í.s.i.m.o.s., después te pusiste a bailar y me decías al oído –Dime si te parezco ridícula. Yo me tapaba los ojos. Pensé en el desierto, en lo horrible que sería fumar un cigarrillo ahí con tanta sed. Luego vino una lluvia de imágenes que no son precisas: la reina Nefertiti ocultándose detrás de un muro de Ajenatón, mientras éste, bajo los efectos del síndrome Marfan, caía sobre sus rodillas pensando en sus hijos muertos prematuramente. Luego viene el Suicida, mordiendo un mendrugo de pan seco y diciendo, mucho antes de haberte conocido, que quería matarse, que no encontraba el sentido de su existencia. Después viene la imagen de un hombre montado sobre un camello, acomodado entre las dos jorobas del animal, levanta su espada y un destello recorre el filo como una luz que se perderá para siempre en la perpendicularidad del medio día en el desierto.

Por último, viene tu cuerpo, Equis. Bailando una canción de Queen. Sentado sobre una lavadora con un bote de cerveza en tu mano, mientras cinco individuos hipnotizados por tu apariencia nefertiti, te rodean como un séquito de vulgares esclavos que ríen de los chistes que no tienen que ver con la muerte sino con la ridiculez de la vida. Veo tu rostro como un mapa que he memorizado, Equis, como un escarabajo que salta repentinamente a las dunas para ocultarse de una lagartija, de un camello. Así, te vas perdiendo en mi memoria. Te desvaneces. Nada es tan claro. Pienso, Equis, en mi madre, cuando debería concentrarme en tu cuerpo. En mi mente imagino que en este preciso momento, en un tren pequeño, en el que se pasean algunos padres con sus hijos, alguien debe estar tomando la mano de un niño y la extiende en el aire, moviéndola de un lado a otro, para que un grupo de personas que los observan a un lado de las vías del transporte infantil contesten de la misma manera. Equis, desde niños nos enseñan a decir adiós a diestra y siniestra. Pienso, empezamos por decir “ayó” hasta que crecemos y nos convertimos cruelmente en expertos de la ausencia, del abismo, del vacío.

No es tan fácil ordenar las ideas. Luego todos se fueron de la fiesta, tú con ellos porque no tenías en qué trasladarte a tu casa, y yo caminé por horas hasta que el sol se asomó como el principio de algo que termina y que seguramente será continuación de otro principio. Me besaste por última vez y entraste por la ventana del automóvil de un salto cayendo encima de tus amigos. Fátima se llevó los cigarrillos que trajimos esa noche. Einstein decía en mis orejas después de presionar la tecla play: “Do you love, John? Luego no te volví a ver nunca. El sol borró los últimos resquicios de la sombra que provocaba la Tierra en ese astro que tanto odio.

martes, septiembre 04, 2007

dos fantasmas

A mi amigo Benassini

son las cuatro de la tarde o de la mañana, no importa, con once minutos.

al igual que Banville, o el personaje (Cleave) de Banville, en su novela Eclipse, me han visitado un par de fantasmas. No podría precisar su sexo. sin embargo, la familia que amablemente me hospeda en su casa dice que los vecinos antes han escuchado lo mismo: una niña que juega con canicas a las tres de la mañana.

anoche escribía un poco sobre un encuentro casi secreto, bastante shandy, entre Duchamp y Tamayo cuando un repentino sonido, que se recortaba del golpeteo de la lluvia serena, me sorprendió en la oscuridad. podría emular el sonido constante del impacto quedo, inquietante, despacio, en la pared que queda frente al procesador, pero sería ridículo, porque no podría igualar la impaciencia, el delicado temblor de una fuerza diminuta que parecía intrigada por lo que había del otro lado de la pared. lo que había del otro lado de la pared, de ese campo de fuerza terrible, tapizado con afiches de congresos de filosofía de la ciencia y sobre cine alemán, era yo. con los ojos enormísimos, con las pupilas dilatadas como un visigodo.

la luz del computador justo en mi rostro no permitía vislumbrar las figuras de un algo que se asomaba como un par de ojos inmutables, ambiciosos, dementes, sobre mi cuerpo, sobre mi cara iluminada por la luz de una fotografía de Marcel expelida desde la pantalla. del otro lado de la pared, la niña seguía golpendo con sus nudillos y un murmullo recorría la habitación por fuera hasta que lograba entrar como un sollozo más delgado por la ventana. parecía el débil quejido de un cachorro, de un mamífero herido, desamparado ante la muerte.

mientras más me acercaba a los ojos más se definían en la oscuridad. una nariz. una boca. un rostro completo en un cartel de un congreso sobre el lenguaje. Wittgenstein planteaba que "el mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas". pensé en Duchamp y en las casualidades con Wittgenstein que ahí surgieron mientras plantaba mi mano sobre el muro esperando que la niña de las canicas dejara de sollozar, de que sintiera mi calor, mi miedo.

el filósofo pertenció al famosísimo Círculo de Viena, mientras que el artista en Viena, precisamente, inició uno de los movimientos artísticos más secretos que Vila-Matas rescataría en su libro Breve Historia de la Literatura Portátil, el shandysmo.

del otro lado se estampó algo exactamente a la altura en que se encontraba la palma de mi mano. después vino el silencio. la lluvia regresó a su habitual rito de notas descontinuadas pero que simulaban entropía, un caos de música oscura que traían más frío, más nostalgia.

cerré el computador. la oscuridad de hizo absoluta. me metí entre las sábanas. dormí algunas horas. cuando abrí los ojos. Jerome me indicaba que estaba listo el desayuno. le comenté que se me habían aparecido un par de fantasmas.

-¿quiénes?
-la niña de las canicas y ese rostro del cartel.
-no mames. éste es Wittgenstein.
-ya sabes. no creo en fantasmas.

desayunamos. se fue a dar su clase. escribo esto. realmente no creo en fantasmas. ¿habría pensado en los fantasmas Wittgenstein cuando escribía su Tractatus logico-philosophicus, donde postula que el mundo no son los objetos, sino la interacción entre ellos, los hechos? ¿habría tomado en cuenta que la niña de las canicas no existe como un objeto, sino como un recorte en mi memoria? Cleave, el de Banville, supone los fantasmas como una premonición a la muerte de Cass, su hija, pero qué significará la aparción inminente, al final de la novela, de la mismísima Cass. ¿un hecho o simplemente un recorte en su memoria?

martes, agosto 28, 2007

un par de poemas sobre la ciudad

bien. ya estoy en méxico. hay algo que irremediablemente le duele a uno cuando se despoja de una ciudad. cuando arrancas una sanguijuela, o las patas del ciempiés, el aguijón de una abeja, este tipo de tenacidad violenta que lo lastima a uno desde adentro, es irrefutable que el dolor se mantiene en la herida por unos segundos, si no es que para siempre, como una cicatriz que indica un dolor lejano, perdido en la memoria y que se asoma, como una amenaza, como una premonición de un filo a punto de cortarte.

la ciudad está más loca que nunca. hoy he regresado de una caminata y me di cuenta de que muchos me veían con asombro. creí que se trataba de mi altura, de mi tez morena, de mi sombrero, de mi caminar reptil, pero al llegar a la casa donde estoy hospedado, me percaté, ya con un poco más de luz, que mi camiseta era de color rosa. tengo daltonismo. no puedo prever estas situaciones incómodas.

mientras camino, después de un desayuno en la calle, con Pío Daniel, después de acomodar cronológicamente sus recuerdos y ensamblarlos con los míos. llegamos a la conclusión de que tomamos 17 caguamas. 4 de ellas eran de 2 litros. 12 botellas de media. 10 porros. 200 pesos de xxxxxxx. cuatro cajetillas de cigarrillos; he recordado dos poemas de mi colección de poemas mentales sobre la ciudad. el primero es de bukowski. el segundo de kavafis. benassini se fue muy temprano. el pío está dormido justo detrás mío.


A poem is a city

a poem is a city filled with streets and sewers
filled with saints, heroes, beggars, madmen,
filled with banality and booze,
filled with rain and thunder and periods of
drought, a poem is a city at war,
a poem is a city asking a clock why,
a poem is a city burning,
a poem is a city under guns
its barbershops filled with cynical drunks,
a poem is a city where God rides naked
through the streets like Lady Godiva,
where dogs bark at night, and chase away
the flag; a poem is a city of poets,
most of them quite similar
and envious and bitter...
a poem is this city now,
50 miles from nowhere,
9:09 in the morning,
the taste of liquor and cigarettes,
no police, no lovers, walking the streets,
this poem, this city, closing its doors,
barricaded, almost empty,
mournful without tears, aging without pity,
the hardrock mountains,
the ocean like a lavender flame,
a moon destitute of greatness,
a small music from broken windows...

a poem is a city, a poem is a nation,
a poem is the world...

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una humilde traducción. de efe efe.


Un poema es una ciudad

un poema es una ciudad llena de calles y alcantarillas
llena de santos, héroes, mendigos, locos,
llena de banalidad y de licores,
llena de lluvia y truenos y períodos de
sequía, un poema es una ciudad en guerra,
un poema es una ciudad que le pregunta a un reloj por qué,
un poema es la ciudad incendiándose,
un poema es una ciudad bajo armas
sus barberías llenas de ebrios cínicos,
un poema es una ciudad donde dios monta desnudo
a través de las calles como la señora Godiva,
donde los perros le ladran a la noche, y persiguen a lo lejos
la bandera; un poema es una ciudad de poetas,
la mayoría de ellos absolutamente iguales
y envidiosos y amargos…
un poema ahora es esta ciudad,
a 50 millas de ningún lugar,
9:09 por la mañana,
el sabor a licor y cigarrillos,
ningún policía, ningún amante, caminando en las calles,
este poema, esta ciudad, cerrando sus puertas,
atrincherada, casi vacía,
triste sin lágrimas, envejeciendo sin compasión,
las montañas del hardrock,
el océano como una llama de lavanda,
una luna desalojada de grandeza,
una música pequeña de ventanas rotas…

un poema es una ciudad, un poema es una nación,
un poema es el mundo…

Charles Bukowski

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Viene el segundo. a la ciudad de hombres y mujeres que la habitan.

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La Ciudad

Dijiste: "Iré a otra tierra, iré a otra mar.
Otra ciudad habrá de hallarse mejor que ésta.
A cada esfuerzo mío, una condena escrita queda;
y mi corazón está, como un muerto, enterrado.
Mi mente hasta cuándo va a quedarse en esta consunción.
Doquiera vuelva mis ojos, mire a donde mire
los escombros de mi vida veo aquí,
donde tantos años pasé y arruiné y destruí."

Nuevos parajes no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad irá tras ti. Por las calles vagarás,
por las mismas. Y en los mismos barrios envejecerás;
y en estas mismas casas irás empalideciéndote.
Siempre arribarás a esta ciudad. A otra parte -no esperes-
no hay barco para ti, no hay camino.
Así como tu vida la arruinaste aquí
en este rincón reducido, en toda la tierra la destruiste.

Konstantinos Kavafis

jueves, agosto 16, 2007

evacuaciones 1

abres la boca y todo fluye. ya sé que sabes cómo. uno es un fideo y luego se aproxima a las fluctuaciones, a la marina nacional, al atún enlatado, sacas el aparatito y das la vuelta. 360 grados. y entonces matemáticamente te acuerdas de la maestra de álgebra que siempre estaba embarazada. cómo podían suceder tales cosas. contaba sus penetraciones. tenía un debil tendencia decirme "franco, te estás pasando de la raya". pero ella qué sabe de economía. qué sabe de preservativos. y yo, saturado de gis. saturado del sexo de mis pádres, solamente decía perdón. sí. perdón. hoy es lunes. no me la follaba ¿cómo pueden pensar eso, canallas? ella decía eso de mí porque yo tenía una debil tendencia a mirarle la panza. a sentir asco. la imaginaba de perrito. diciendo incoherencias. diciendo. dame papi. dame duro. anda méteme el pitágoras por la hipotenusa peluda. con sus lentes todavía, chuecos, arqueados. y yo sudando en pleno diciembre me estremecía como un ganso que se da cuenta que será el estofado de la noche de aniversario. una naranja. como si fuera un cerdo. una naranja en la boca. "franco, si no me dices cuál es el despeje de esta ecuación de dos incógnitas harás una plana de 100 líneas". pues sí. hacía doscientas. otras cien de extra que yo diseñaba: "el culo de tu maestra de matemáticas no es de tu incumbencia". decía. el atún es muy rápido. es de los peces más rápidos. es de los pocos animales del océano que tienen la sangre fría. eso lo aprendí con el maestro de biología. un anciano decrépito que tenía solamente dos dientes de los que se sostenía su paladar muy a fuerza y a punta de lengüetazos que originaban una babita entre sus labios. el ñeñito. me confesó en su cubículo que tenía sueños eróticos con, nada más y nada menos, que mi maestra de matemáticas. luego se quedaba dormido. yo terminaba de revisar los exámenes.

viernes, agosto 10, 2007

"Franco, no te lleves la miel, nooooooo"
O.B.


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miércoles, julio 11, 2007

mentálica ii

El fantasma de Alcor

a bili murillo, a nuestros fantasmas en álamos



Ballesteros, Bili Murillo, Imbécil Egozoo, Téllez Pon, Óscar Benassini


Hay una constelación que se llama Osa Mayor, o carro mayor, como quieran llamarle, quizá la conozcan. No se puede dibujar aquí, pero bueno, el caso es que hay una constelación con ese nombre, son siete estrellas, aunque una es doble, por lo que en realidad son ocho. Pero son más visibles siete. Bueno, pues esta estrella doble, que parece una sola se llama Mizar, y si uno presta atención y entrecierra los ojos y se pone los lentes, se da cuenta de la otra, una más difusa y pequeña que lleva por nombre Alcor. Pues en esta foto. Yo soy Mizar. Y Édgar es Alcor. Es algo escalofriante. Y digo esto, porque recordé algo que pasó en Álamos hace como dos o tres años en uno de esos festivales famosos.

En cierta ocasión en Álamos en uno de esos eventos terribles donde se llena de gente ebria y disque cultura y arte, estábamos Bili y yo en un rave cerca de un panteón, la Casa de las Delicias. Estábamos muy contentos porque distraeríamos nuestra lengua con un LSD (los que no sepan qué es esto, no pregunten). Ok. Es una aceituna. El caso es que en pleno acto desesperado saqué mi cartera temblando y él bailando junto a mí. No sé si pasó un cuervo entre los dos, o si un mamut escupió desde el cerrito del mirador, pero el caso es que cuando iba sacándolo se me cayó al pasto, qué pasto, a la selva, al pinche bosque de tréboles de cuatro hojas que, se los juro, talamos Bili y yo para tratar de encontrarlo. Nos gastamos dos encendedores y cerce de 50 mil kilocalorías entre los dos. Y fracasamos. No sabía qué iba a pasar con mi cuerpo tan sobrio, tan cansado, tan sencillo, tan malditamente sano. Fui con el Llamas y le conté la experiencia. Se rió con unas pupilas que no tenían fin y me dijo: Seguro que se te cayó, cagón. Sí, contestaba mientras metía los dedos en mi cartera de la misma manera que le metían los dedos en el culo a Freddy Mercury en una de esas noches hiper hot después de un concierto (sorry, Tesia, no tenía otra analogía). Dame acá. me dijo. Metió sus deditos de santo, de perforador, y sacó de la cartera donde habíamos metido nuestra nariz (ya no piensen en el culo de Mercury) y las manos y todo, y de ahí sacó el pinche pajarito de la suerte que saca papelitos, así, de la misma manera, sus deditos bellos sacaron el ácido inmortal que nos transportaría después a un pueblo dilatado y lleno de fantasmas.

En ese viaje vi a la hija del mal. Es decir, no a la hija de Belcebú, es decir no sé si tenga hijas. El caso es que recuerdo que vi a esta mujer que se llama Luz Elena, que tiene un fotolog que en donde se hace llamar Hija del mal.

Horas más tarde, después de que pasé pruebas increíbles sobre mi percepción parabólica y marciana, me subí a un coche en movimiento, bueno, nos subimos Bili y yo, que para entonces, en ese momento en el que atravesábamos mucha gente en el carro de un desconocido, me percaté de que Bili era mi pinche ódradek, mi pinche lado oscuro, inseparable, inmarsecible, siempre ahí, pegado a mi cuerpo, como una sanguijuela, como una chinche, como algo inseparable, mirándome de la misma manera en que observa en esta pinche fotografía.

Le dije: Soy el Aldo. Se me metió el Aldo. Nota uno: Este tío saltó de un automóvil en movimiento por la Luis Encinas terminando con su vida. Un joven que estaba en Letras. Murió ahí, con su cabeza hecha pedazos. ¿En qué iba? Ah. claro: Entonces dije. Yo soy. Y me lancé para siempre como un fruto maduro que no tiene otra finalidad en el planeta sino el de caer, arrojarse, desprenderse de la rama de un árbol sin dramas. Antes de caer al suelo escuché la vocecita oscura de Alcor. Nooooooooooooooo Francoooooooooooooooo. Y después cerré los ojos como los cerrara, si tuviera, una guanábana, una tangarina, una granada.

Bueno, menos natural. Caí como cayera un saco de cemento Impala, ¿Impala? No, Campana. Sí. Campana. Pues como uno de ésos. No reboté. Más bien fue una caída matemática, sin torpezas. Plaf. Y me dije. A.a.l.a.v.e.r.g.e.l.e.s.t.o.y.v.i.v.o. Y me levanté a una velocidad anagabrielaguevarística y corrí hacia una pared en la que me quedé totalmente a gusto, como si mis hermanos ladrillos me dijeran: Bien hecho, pinche Egozoo, estás vivito y coleando. Pero cuando dijeron coleando, recordé al Piqui, un perro, el único, que tuve en mi infancia. Rercordé su cola moviéndose, la continuación natural de su columna, y entonces me dije: pinches invertebrados locochones, la tía que los parió y se los metió por el culo para volverlos a parir. Y recordé todo su crecimiento al instante, desde que era una cría hasta la culminación de sus huesos en el campo de futbol a dos calles de mi casa. Vi su crecimiento en cámara lenta, pero que en realidad es una velocidad luz, como cuando vemos crecer en televisión a una flor que se desarrolla desde la semilla hasta el fruto sexual de una corola abierta. Y Piqui se murió, se petateó y mi madre me dijo que iba al cielo de los canes, al cual yo, me juré, iría para postrarme a su lado después de mi muerte. Pinches invertebrados mamones, tiene cada especie su paraíso, excluyentes caradeculopeludos, me ponía a pensar ya después de cuatro años de su muerte, mientras jugaba un partido de balón pie, en el mismo sitio exacto de mi posición, media izquierda en ese campo inverosímil en el que yace su fantasma.

Y luego, así, como un pinche electrodo, como una colisión de protones en los que la palabra átomo pierde sentido, me di cuenta que yo también era un invertebrado y los ladrillos rojos ya no me daban mensajes ocultos y freudianos. Ya no decían nada. Yo estaba ahí pegado a la pared y la gente que pasaba me miraba como un bicho raro o como si fuera un fantasma al que están acostumbrados a ver en un pasillo pero que sigue imponiendo respeto. Y me puse de frente a la pared y le dije a los ladrillos, no mamen, no me confundan, no sean apabullantes, no sean tan chichoché en la playa. Después casi me pongo a llorar y una voz, lejísima, oscura, pétrea, dolorosa, me dijo: Así son cuando son. Y mi mundo se volvió un enfisema, un carcinoma, un pinche desmoronamiento universal, platónico, como un putito efebo que se rompiera para siempre, así, dentro de mí, la voz resonó como nunca ha resonado una hecatombe, un zeppelín, un dios que se tropezara con un planeta y se rompiera el hocico con un sistema solar, nada comparado con ese crooooooaaarrrrrssscklac en mi estómago. Y miré a un lado de donde, al sitio antiguo del que provenía la voz, o el río infernal que entró por mis oídos, y me di cuenta que era Alcor, el Bili, con sus ojos más grandes que nunca, con sus faroles argentinos encendidos hasta la costa de Montevideo. Así, ígneo, volcánico, me decía algo ininteligible, después no sé si en voz muy baja o si nada más movía los labios deletreaba una palabra obscena, de su calibre, porque a veces suele hacer eso. Y sentí miedo y le dije: Vade retro satán. Vete para allá perro lanudo, déjame estar solo con mi novia. Y él nada más sonreía y decía: Pendejo no hay otro sistema fractal como el tuyo, no te muerdas todavía las cánulas, no te rasques la sangre. Y me lancé otra vez hacia mis compañeros ladrillos y me recargué en ellos lo más fuere posible y Alcor se acercaba a mí con sus manos de momia, de zombie, de amenaza marabunta, de pirañas sueltas en una alberca, sus bracitos flacos, levantados, y con su boca infinitesimal balbuceando algo que jamás iba yo a entender. Y la gente decía, o yo alcanzaba a escuchar, o al menos a pensar, a imaginar con mi mente pop corn, con mi pinche cagona imaginación timburtoniana. Mira a ese par de jotitos, los muy uy uy uy allí, en lo oscurito queriéndose meter mano, los putitos de mierda, míralos, mi amor, jamás seamos como ellos. Nunca te agarres a una pared así, como si quisieras escalarla, no, chula, nunca te pongas así, como ese inocente, como ese abominable Amon Rah esquizofrénico que quiere atrapar al otro espaiderman que supone no los estamos viendo. Vaya sequía, vaya carne nuestra. Dios es un insecto que se masturba con estas escenas, mi amor, mi culito, mi cuerpito. Mejor vayamos a ver una exposición de pintura en la plaza y después comamos hostias con cajeta, con mermelada, con nuestro amor de salamandras, de iones y protones. Larguémonos lejos de este par de subnormales.

Dame un abrazo de tulipán, de leucocito, me decía Bili, mi sombra, mi ódradek. No seas cabrón, Bili, decía yo, no seas cojonudo, mírate, pareces un pinche drogadicto, además leucocito no es un osito cariñosito, no seas maniaco, límpiate los ojos, yo no soy pimpinela, soy el franco, paria, no dejes que esa cosa te consuma, di no a las drogas, di no al consumo de LSD, di no al materialismo histórico, respira, baja tus brazos. Piensa en lo que acabas de hacer. Leucocito no es un animalito que dispara rayos de colores desde su pancita. No. Despierta de este sueño. Los ladrillos no hablan, no te dan palmaditas en la espada…

Kiubole Franco, gritó ese río de personas, o alguien que avanzaba en ese río de personas que no dejaban de mirarnos. Franco. Franco. Franco. Y yo fui el que abrió los ojos y el vórtice dimensional seguía con los brazos levantados caminando hacia mí, moviendo su boquita de pescado. Y entonces corrí lejos, nadando con la corriente, un antisalmón, un maniático que seguía a la masa con los ojos cerrados, gloriatreviescamente, y ¡bum bum bum bum bum! Goran Bregovic me dijo al oído. Estás dopado. Abrí la bocota de bagre, solté una carcajada y me dije: Sin duda que sí, soy el cabrón más afortunado del mundo, mientras removía el papelito entre la lengua y mis dientes. Atrás, como a once metros, Alcor seguía mis pasos con una convicción estelar, zodiacal, egipcia, y detrás de él Hoffman se estaba riendo.

CONTINUARÁ:::::::::::::::::::

viernes, julio 06, 2007

mentálica

" Eran seres rayados, de colores inciertos, rosados violáceos, manchados de bermellón, ocelados de azul, y cuyas heridas exhalaban un fuego pálido. Parecían extrañas palmas de las manos, alrededor de las cuales se crispaban dedos adelgazados; manos errantes, muertas tiempo atrás, arrojadas por el abismo que envolvía el misterio de sus cuerpos, hojas carnosas y animadas, hechas de carne marina; bestias astrales vivientes y móviles en el fondo de un cielo oscuro. "
Marcel Schwob


Éste es un mapa mental. En eso estoy pensando ahorita. Me digo. O les digo. Realmente me digo. Es lo más coherente. Aunque me dijeron incoherente ayer. Sí. Éste es un mapa mental, bueno, uno mío. Estoy pensando en eso. Les digo y me digo. Hola, no soy tan fractal, tan mal diseño, tan irreverente, tan informal. Soy noventero en el 2007, digo. Saben. Eso. Ser noventero en el 2007 es como ser ochentero en 1997, o ¡¡¡todavía más!!! ser setentero en 1987 y así...

Bueno. En 1997 yo tenía 16 años. Salí de mi casa. Huí. Dejé a mis padres tras una estela de discusiones y discursos cansados y contrarios. Mi madre lloró y me colgó un sartén en la mochila con la que me perdí para siempre. Avancé. Cuando subí al camión, el sartén se estrelló con un tubo, el tubo en el que nos asimos los que subimos al camión para no caernos cuando arranca el deseperado hijoputa del chofer. Cuando sonó el impacto de los metales pensé en esto:

1) ¿Se habrá abollado mi sartén?

2) ¿Quién demonios se cree mi madre?

3) Me encantan los huevos con jamón. Gracias mami.

4) Esta gente es tan extraña.

5) Morirán todos los metales un día.

6) A la mierda. ¿A dónde voy?

No recuerdo dónde demonios me bajé. Luego, un año después vino la universidad. Yo había experimentado cosas horribles. Una novia que follaba a todas luces con mis amigos mientras yo trabajaba. Siempre había fiesta y todos estaban mariguanos follándose a mi novia y yo me iba a dormir a otra habitación. Después terminamos. Me la pasé bastante mal. Luego vino la universidad. La escuela de Letras que entonces tenía especímenes exquisitos.

Y luego, después de un año, tomé mi sartén otra vez, y me largué al DF. Luego otras cosas. No tiene caso recordarlas ahora mismo. Pero en ese momento, en el que partí nuevamente,pensé:

7) Me encantan los huevos con jamón.

8) Dios es bueno. Pero quién demonios se cree.

9) El diablo es malo. Pero quién dioses se cree.

10) Nietzche estaría orgulloso de mí si hubiera gritado lo que acabo de pensar.

11) Nietzhe ha muerto.

12) Le temo a los fantasmas. Todavía.

13) Animales extraños.

Llegué en mi aniversario número 19 al DF. La gente bailaba Suavemente bésame, que quiero sentir tus labios besándome otra vez. bésame bésame. Yotomaba (un amigo japonés) no es cierto, me equivoqué, lo que quería decir es que yo tomaba cerveza Sol y era de noche, ya saben las ironías de la televisión y entonces me di cuenta de algo importante, ahí, en medio de 73 chilangos, 30 hembras versus 43 machines, los conté en medio de una perdición numérica que reflejaba mi maldita noción de que las fiestas son un hormiguero en constante catástrofe, bueno, entre estas personas y mi prima lesbiana que aún se me sigue antojando y que entonces bailaba con unos pantalones muy ajustados, el momento de lucidez más sincero, más premonitorio, supe de inmediato que mi vida sería un desorden.

miércoles, junio 20, 2007

La lengua del demonio

Allez, Dene, una de mis memorias divididas

Las sirenas propiciaban un ambiente alterno y vergonzoso, pero también era la preparación de un estado emocional cercano a la esquizofrenia, o al desorden mental provocado por un impacto estrepitoso contra una pared a grandes velocidades, el mismo resultado: parecer un zombi sofisticado, con buenos gustos en el vestir, bien alimentado de soya, o algún suplemento proteínico, que da la posibilidad de abstenerse de la carne y las entrañas, de los sesos. Aunque eso era precisamente, materia gris, lo que me hacía falta para darme cuenta que no está bien bailar frente a dos patrullas con sus sirenas encendidas. Si fuese un zombi, se entendería que la nula capacidad de razonamiento se debiera a la mala alimentación, a esa dieta de camarones y trozos de un rumiante servidos en platos y cubiertos junto a una servilleta. Pero no se trataba de un zombi, es decir, no era yo un zombi, sino un jovencito muy alcoholizado, agitado por el arribo próximo de mi hermano con un ansiolítico muy a la moda, un muchachito que influenciado por la imagen multicolor y la música electrónica, danzaba hermosamente como un tapir, o como un troglodita que recién se enfrentara al fuego, o a la muerte.

Yo bailaba, decía, entre las luces rojas y azules girando, mientras todos en la fiesta, ocultos ante el posible arresto de los policías, miraban mi baile ancestral en medio de las unidades 345 y 293 desde la orilla de la casa donde la fiesta apenas empezaba a las dos de la mañana. Mientras, del otro lado de la luz, en el lado de la legalidad, de la pureza administrativa, dos policías acechaban a un pobre cavernícola contento que imaginaba el dulce consumo de un barbitúrico que le devolvería la ingenuidad de las cavernas infinitas. Y entonces, un par de jaguares se lanzaron sobre el pobre homínido, sobre el zombi que, incauto del mundo, precisaba no volver a comer carne nunca más si esa pastilla llegaba lo más pronto posible.

Sí, me saltaron encima. Yo estaba felizmente bailando en la calle una música muy entretenida que representaba un mundo metálico, robótico, lleno de repeticiones y paralelismos virtuales, como un mundo de transistores que se comunicara a través de un lenguaje de signos que penetran directamente en el cerebelo y los receptores neuronales de una sinapsis externa, como una conexión inalámbrica de internet, algo así. Los policías dijeron que yo les estaba gritando y que además les lancé piedras a las patrullas, cosa que no sucedió, es decir, yo no lancé las piedras. Cuando me hubieron de amagar con la brutalidad con la que trataran de detener a Mike Tyson (ese carnívoro maligno) me subieron a la caja de esa patrulla con tal violencia que me sentí como un político que se tropieza con un indigente, vulnerable, torpe, como si pisara un polluelo o la mano frágil de un niño de un año y medio con sus deditos doblados. Y entonces recordé a todos los luchadores sociales, la tiranía falangista, el delirio marxista, la fiesta del chivo, el horror latinoamericano de medio siglo, la muerte del Ché, la tortura, las desapariciones, mi amigo Humberto Musacchio en la plaza de las Tres Culturas, y entonces me dije, no seré yo la víctima, hoy no voy a morir. Y entonces sucedió un eclipse. No es cierto. Eso es otra película. Entonces grité: ¡¡¡¡¡Víctor Jara baila trance!!!!! Y me levanté emputadísimo lleno de adrenalina y me puse a danzar en ese pick-up. Y todos, sedientos de justicia y ebrios de alcohol y otras sustancias comenzaron a arrojar objetos a la patrulla. Y entonces me gritaban los lainbaquers, deja de bailar, y me pegaban con sus toletes pero yo ya estaba en otro sistema solar contagiado de electricidad y endorfinas. Uno de los uniformados se lanzó sobre mí como si fuera a salvarme de una bala, o de la explosión de una granada en Vietnam y me puso su arma en el pecho. Fue algo erótico, emocionante. Y la gente gritaba y lanzaba sus botes de cerveza con todas sus fuerzas, lanzaba los gatos del vecino, piedras en formas raras que emulaban a estrellas de mar o huesos humanos, un tipo lanzó su prótesis y la miré por el aire, amenazando con patear a control remoto el culo de un policía que pedía refuerzos. Esa escena que ni Mario Bellatin, hubiera soportado, me dio el coraje para sacar mi cabeza de Holofernes y moverla al ritmo de la música, por lo que la multitud comenzó a experimentar efectos secundarios en su cuerpo y ya no lanzaban macetas, ni chihuahuaeños, sino mesas y ladrillos que arrancaban de las paredes. Tronó un cristal. Decidieron llevarme de ahí, mientras el felino de salario mínimo arremetía contra mi pobre encéfalo conectado a un GPS galáctico.

La patrulla se estacionó a dos calles del lugar, mientras llegaban más elementos que tenían toda la intención de apagar los ánimos y la música de toda la sociedad que ahí se encontraba disfrutando de un cóctel, de un petit comité con espejismos. Ahí estaba Mariano, observando a su amigo Franco esposado a una patrulla en la parte trasera. Algo debió pasar por su mente en esos momentos, quizá fue la plasta de imágenes y de historia activista que Franco había vomitado escasos minutos antes que se había quedado en el aire y se podía respirar, lo que ocasionó en Mariano una reacción incendiaria. ¡Chingue a su madre María Dolores del Río! ¡Pinche vieja putota, rata, culera!! ¡Que nos devuelva el agua! ¡La Lola es una gran puta! Cuando escuché se vocecita dulce que caía tan suave como la lluvia, porque lloviznaba, supe que no dormiría solo en la comandancia esa noche. O al menos que no pasaría la noche en la celda sin ningún compañero que hablara conmigo de los mejores betunes de chocolate en una noche que pintaba para extraña.

-Buenas noches, caballero.
-Ni te bañas, no sé para qué quieres agua.
-Sí me baño, accidentalmente pero lo hago.
-Aunque lo puta no se quita con petróleo.
-¡Viva la libertad de expresión!
-Cállate a la verga, morro. Pon las manos aquí.
-Oye, oficial, a mí me apretó mucho las esposas.
-¿Te duele?
-Sí…
-¡Qué bueno!
-Póngalo en su lugar, oficial, dijo que a la Lola nunca se le iba a quitar lo reputa, que había que echarle petróleo y quemarla como en la Inquisición.
-No seas cabrón.
-Miren, morros, ni conozco a esa ruca, pero no pueden transgredir el Bando de Policía y Buen Gobierno.
-Qué putada. Como si fuera real, como si respetaran algo, ustedes los policías.
-A mí me parece que eso del Bando de policías es muy gay.
-¡Rolando ven aquí, ayúdanos!
-Míralos cómo se revuelcan, Mariano, como los pinches cerdos que son.
-Le están partiendo la madre a alguien.
-Su voz me es familiar, esos gritos desamparados. Ya sé quién es.
-Sí. Omar Bravo.

CONTINUARÁ-----------------------------------

viernes, junio 15, 2007

Botarga corazón

Va, Dene, faltan dos.

Estaba escuchando la radio, algo muy común en mí últimamente, algo más normal en los ancianos y en la gente que supongo tiene más conciencia del sonido y que cuentan con una enorme imaginación debido a que no tienen que ver las gráficas de un hombre al que le metieron 4 balas en la cabeza. La estación no tiene caso, aunque no está demás decir que el conductor tiene un serio problema de personalidades. La conductora oficial es una señora medio cachonda y muy cívica, defensora de los derechos ciudadanos llamada Doña Paquita, y tiene un colaborador cholo que anda detrás de la noticia en la ciudad que se hace llamar Malandro y está otro que es el que pone la música y se llama Eduardo. Pero finalmente, de lo que me he enterado es que los tres (no los de Chile) son uno, es decir, el mismo, ese tal Eduardo es el ventrílocuo, pero eso no es todo, los personajes se enojan entre ellos y se pelean y se contestan, es demencial, me aterra imaginármelo (ahora sí, sin tele) gritándose y ofendiéndose frente a un micrófono. Bueno, no importa, el tal Eduardo, personaje o persona real, puso una canción ranchera que dice “Yo soy puro corazón” y me quedé absorto en la letra, y más que nada en esa declaración que atenta contra la humanidad y contra la biología y contra todo en el universo:

Cómo es posible que un hombre diga “yo soy puro corazón”, ya sé que existen las metáforas y un puñado de recursos literarios que justifican esa abominable afirmación. Sí, sí, yo soy puro corazón, ¿cómo? Qué asco, andando por ahí, dejando una estela de líquidos de una aorta cercenada, luego quieren saludar con la mano y estiran una vena que seguramente manchará nuestros zapatos. Y luego debe ser un peligro andar por ahí queriendo cruzar la calle sin tener ojos, así como por corazonadas, imaginando que el semáforo está en rojo, pero los camioneros son unos hijoputas y les importa un bledo que representes el amor humano y te echan el camión encima y te atropellan y te avientan como a dos o tres metros y te embarras en una pared y tu cuerpo marcado en la barda lo utilizan unos vándalos, para dedicarle un poema bien agresivo a una putita por ahí, que si mal no recuerdo era así:

Te amo Rebeka
Mi corasón es tullo
Balderrama rifa putos

Y sí, pues, te dices, soy puro corazón, soy puro corazón, y te hincas como puedes, dejando ver en ti un ganglio asqueroso, producto de un raspón que te dejó la defensa del multirutas. Y la gente dice “ahh, se le vio el ventrículo a ese corazón”, “Ve, el maldito depravado enseñando la arteria pulmonar”, y tienes que ponerte dos tapas de botes de basura cubriendo tus partes nobles y tienes que huir con gran velocidad, aumentar los latidos por segundo, y rodar, ser pisoteado por varias zapatillas, pateado en algún campo de fútbol, desenredarte de la portería, seguir, ser meado por un perro que te confunde con un albondigón, pero después de que te prueba se arrepiente de tu sabor, un sabor a hombre, a algodón, y te arrastras y caes a una coladera y viajas tranquilamente sobre un río de mierda y las ratas desde la orilla se burlan de ti y dicen: “vean al pinche corazón cagado, cree que está en el Amazonas” (siempre son bien ofensivas los roedores), se ríen en coro y cantan, porque cantan, ya sé que no me van a creer pero las ratas cantan, unos científicos lo descubrieron, tienen ciertas frecuencias y decibeles que guardan una armonía, ya sé que no me creen, pero es bien común que los cantantes sean unos cabrones hijosputas, como Armando Manzanero que se chingaba a su esposa, Rigo Tovar que cieguito y todo le pegaba sus buenos madrazos a su familia, o Juan Gabriel, Silvio Rodríguez, Luis Miguel, Plácido Domingo, Sasha Sokol, Rosario, Belinda, Gwen Stefany, en serio, las ratas cantan. Y de alguna manera llegas hasta un canal más putrefacto y escapas del agua, y te montas en un camión recolector de basura y platicas con una cáscara de plátano y luego con un salmón podrido y enfermo, quienes te aconsejan afablemente que es mejor vivir entre los escombros ya que nadie, ni las zarigüeyas te comerán, el banano, inteligentísimo te dice: nadie te tragaría, jamás podrían tener dos de éstos. Esto te lo dice mientras se toca su pechito amarillo. El salmón tose y después entre escupitajos te dice: así es la vida, hijo, mejor lánzate de este camión y espera reencarnar en algo menos violento, menos trágico. Y empiezas a escalar hasta el final, quizá estás llorando, pero no te importa, porque el calor que sientes en la vena cava superior es indicio que lo que haces es lo mejor. Y ahí estás, corazón suicida, un paso y todo termina. Los latidos aumentan al máximo, rayas en el infarto y te mueres. Y cuando caes al suelo, mejor te quitas la botarga y pides trabajo de muppet o de plano del Doctor Simil.

lunes, junio 11, 2007

dolor de hombro

A Denébola, hasta allá


cuando un hombro duele, qué digo, hombro? omóplato, clavícula, ese misterioso plantel de los recuerdos, sí, una caricia, un estornudo, todo ahí compreso en un solo hueso, en un solo músculo, te dicen la memoria celular, yo le comentaba a mis amigos, es que las células tienen memoria. luego un pendejo dice, es que cuando tu mano que estaba acostumbrada a sostener otra mano, se encuentra sola las celulitas dicen "hay la otra mano" y suspiran y todos se van a follar a un toro enfermo de bronquitis, es que no mames, digo yo, es horrible que una mano diga "hay la otra mano". de qué estamos hablando pues, de una mano o de un muñeco que le jalas la cuerda por la espalda. no, no, no. estamos hablando de un órgano viviente, exquisito. mira, deja te explico, el problema es que te iba a decir que cuando un hombro duele las cosas son bien inconsecuentes, todo es tan inútilmente laborioso, tan ridículamente arcaico, no sé. ¿recuerdas que me decías, moriré sola en París como Vallejo? Y yo, no, pues sí, pero para eso estoy yo, un esclavo de la humildad, para mandarte una postal, un vino latinoamericano, un chileno, un argentino, porque tú sabes que lo Lautremont se me quitó desde hace mucho, lo Verlaine, lo Mallarmé untado en un pan integral o de centeno, ya no soy nada de eso, ahora me considero muy Rubén Darío, muy escarabajo de oro con alas de diamante. mentira, todo esto es mentira, yo no soy modernista, de hecho no soporto la palabra, lo que pasa es que me confundes, me intrigas, me haces quedar mal frente a todos. regreso pues. antes.
te
ha
bla
ba
de
cuan
do
un
hom
bro
due
le
la cosa se pone un poco terrible. porque piensas en fisioterapistas alemanas que se follan a los cieguitos latinos mientras duermen. no, no me refiero a un sueño, sino a que el hombre se queda dormido, pues, mientras hace el amor con una teutona.

"El hombro es una articulación compleja, que goza de gran movilidad, pero también es la articulación más inestable del organismo y es una de las que más se ve involucrada en problemas dolorosos. Sin embargo el 90-95% de las causas de dolor en el hombro son problemas periarticulares , es decir, estructuras que rodean la articulación y no la articulación en sí."

ok, mira, para que me entiendas te lo transcribo en letras más legibles, menos othón, menos darío, menos rebolledo:

El hombre es una articualción compleja, que goza de gran movilidad, pero también es la articulación más inestable del organismo y es uno de los que más se ve involucrado en problemas dolorosos. Sin embargo el 90-95% de las causas del dolor en el hombre son problemas particulares, es decir, estrucutras que rodean la articulación y no la articulación en sí"

te digo, no a la poligamia, sí al vino tino. la literatura es un compuesto químico que se genera en el desdén, en esa pregunta que me hiciste acerca de la muerte. mucha gente no sabía por qué me ponía ese nombre de Ludger Sylbaris. y entonces me contaste que estabas en las Azores. y me acordé del gobenador que le dice a su familia, vengan, vengan a la Martinica, aquí tenemos que demostrarles a todos que no estallará ese volcán feroz. y catapúm. todos calcinados, excepto al hombre que tenían ahí castigado en el calabozo. fue encerrado en el calabozo por mal comportamiento, en una de sus peleas tuvo un encuentro fatal con otro convicto que en paz descanse, quien, por cierto, le dislocó el hombro izquierdo. Irónico sí, un poco, pero es más simple, es un detalle, un desliz de la vida, no hay panóptica, no hay control, es mera y hermosa estética acrática.

miércoles, junio 06, 2007

Código Kavafis

ireaotraciudadaotromaresacabareporencontrarunaciudadmejorqueestadondecadaunademisexpectativasestacondenadadeantemano(...)laciudadteseguiraandarasporlasmismascallesenvejecerasenlasmismascasascomohasarruinadotuvidaenestaciudadlahasarruinadoentodoelmundo.

Alguien lo ha de entender.

viernes, junio 01, 2007

Surrender

A mi generación indestructible

Soy adicto a la heroína
a ese personaje femenino
que se salva al final
y que derrumba el falocentrismo.

Soy dependiente del foco
no puedo escribir a oscuras
hace falta la luz inundando
la poca literatura que me queda.

Me gusta el cristal
con que se mira el otoño
esa linterna opaca y triste
ese crac de las pisadas.

Me encanta el ácido
de las naranjas
el betacaroteno
para un cutis sano de escritor.

Me fascinan las tachas
en los textos que escribo
esos errores
galeras inevitables.

Soy adicto a la coca
sí, ese estimulante en polvo
blanco blanco
que se consume por las fosas nasales.

Texto leído en Horas de Junio. Las altas cifras de simpatía en su lectura, reflejan el alto número de cabrones cocainómanos y drogadictos que estaban presentes.

jueves, mayo 31, 2007

Las lecturas pésimas. No soy generoso tanto como no soy tan filoso para criticar, digo, no es que no pueda, es que no he estado en todas las mesas debido a la puta inflación, a la caducidad del comunismo, a mi poco oficio literario (debería mantenerme lo que escribo), no sé a qué mierdas, pero como último eslabón de esta traba: el trabajo, y claro, lo moralino y ético que me he vuelto, porque ya lo habría mandado a la mierda el trabajo. En fin. Vi al Mariano contando un cuento horrible, no digo que estuviera mal escrito, digo, qué fue horrible lo narrado. El maniático se folló a una anciana a quien sometió a ganchos de ropa para sostener los pliegues de su piel y tener una mejor maniobra sexual, desbordante, asesina, porque se muere la pobre. Todos nos reímos, creo que es de lo que más he disfrutado en el Encuentro, ah, también el Navo, leyó unos cuentos cortos dedicados a un mayate que seguramente extraña, unos cuentos muy urbanos, como él. Pero también andan unos poetas malísimos que, al igual que Sísifo, cargan con un peñasco de romanticismo ígneo, carbonizado, que se les cae y que tienen que recoger en una montaña rusa de acalambramientos poéticos que resultan, disculpen, patéticos más bien. Hay buenas lecturas, aunque parece que no tengo la suerte de estar en ellas. Mañana leo yo, luego Iván Ballesteros e Iván Camarena. El primer zarista tiene la facilidad de que acaba de publicar su ópera prima Monstruario y leerá algo de ahí. El segundo zarista seguramente leerá algún poema de los que le dieron el premio de poesía regional de la Paz. La noche pinta para electrizante, para antílope, para presa, ya veremos de dónde vienen los cocodrilos.

martes, mayo 29, 2007

Horas de junio

Programa General

Hoy miércoles: Homenaje post mortem porAlonso Vidal primer aniversario luctuoso

Martes 29 de Mayo de 2007
Archivo Histórico dela Universidad de Sonora
Museo y Biblioteca de la Unison

Mesa 1 15:00-16:00hrs. Moderador Daniel Camacho Alejandra Robles (Sonora) Simbad Barragán(Sonora) Rosío Rendón (Sonora) Jorge “Happy” Alegría (Sonora) Lenin Guerrero(Sinaloa)

Mesa 2 16:00-17:00 hrs. Moderador Ariel Silva Encinas PalomaHernández (Sonora) Manuel Meza Victorio (Sonora) Manuel Llanes (Sonora)Ismael Serna (Sonora) Roberto Lastra (Sonora)

Mesa 3 17:00-18:00 hrs.Moderador Gloria del Yaqui Gustavo Adolfo Figueroa (Sonora) Jesús FélixUribe (Sonora) Manuel Ignacio Espinoza (Sonora) José Luis Barragán (Sonora)Jesús Salvador Guirado (Sonora)

Mesa 4 18:00-19:00 hrs. Moderador GabrielaTorres Hilda Luz Monge (Sonora) Selene Martínez (Sonora) Guadalupe PérezRíos (Sonora) Ernesto García Núñez (Sonora) Oscar Benassini (Sonora)

Mesa 520:00-21:00 hrs. Alonso Vidal Aniversario luctuoso Moderador Eleazar BórquezMoreno Pío Daniel Iván Ballesteros Juan Diego González Iván Camarena JoséJuan Cantúa Terán Ismael Mercado Andrews.Miércoles 30 de Mayo de 2007
Lugar: El Peñón de las Ánimas 10:30 AM
Bienvenida a Ernesto Cardenal Aeropuerto Internacional Ignacio PesqueiraGrupo “Juan Lucero y los Sonidos del Norte”

Mesa 6 12:00-13:00 hrs.Moderador: Jenny Donovan Yoquita Barrera Morales (Chihuahua) FranciscoOviedo (Sonora) Josué Barrera (Sonora) Gloria del Yaqui (Sonora) ManuelParra (Sonora)

Mesa 7 13:00-14:00 hrs. Moderador Raúl Cota Álvarez IvánFrancisco Sierra (Sonora) Eleazar Bórquez Moreno (Sonora) Hernán RodríguezLuna (Guanajuato) Manuel Pérez (Sonora) Fausto Guerrero Fonseca (Sonora)
Mesa 8 14:00-15:00 hrs. Moderador Miguel Angel Avilés Leonardo IgorValenzuela (Sonora) Bily Murillo (Sonora) Juán Pablo Rochín (Sonora) RaúlCota Alvarez (Sonora) Casildo Rivera (Sonora)

Mesa 9 15:00-16:00 ModeradorEnrique Mendoza Omar Cadena (Sonora) Esteban Domínguez (Sonora) Pío Daniel(Sonora) Miguel Angel Avilés (Sonora) Gastón Sau Paz (Sonora) MargaritaMuñoz Villalobos (Chihuahua) Mesa

10 16:00-17:00 hrs. Moderador CarlosVelazquez Esther Carter (Sonora) Pina Phillip (Arizona) Daniel Camacho(Sonora) Alfonso Torúa Cienfuegos (Sonora) Cesar Sotomayor (Sonora)

Mesa 1117:00-18:00 hrs. Moderador Casildo Rivera Juan Carlos Domínguez (BajaCalifornia) David Muñoz (Arizona) Manuel Alberto Santillana (Sonora) JuanDiego González (Sonora) Rigoberto Badilla (Sonora)

Mesa 12 18:00-19:00 hrs.Moderador Silvia Aguilar Zéleny Edgar Román (Sinaloa) Magdalena Frías(Chihuahua) Norma Alarcón (Chihuahua) Manuel Murrieta Saldívar (Arizona)Flora Calderón (Baja California)

Mesa 13 19:00-20:00 hrs.
Moderador Mario Enriquez Licón Pascual Mora (Sonora) Margarita Oropeza (Sonora) Jorge Ochoa(Sonora) Francisco González Gaxiola (Sonora) Mario Arturo Ramos (Querétaro)
Transmisión Simultánea del programa radiofónico “Palabras con ton y son”Radio Universidad 20:00 hrs. Reconocimiento a Ernesto Cardenal Universidadde Sonora Sala de Juntas del Colegio Académico 21:30 El Peñón de las ÁnimasConcierto del dueto Romance y Ritmo y la presentación del cantante AdánValenzuelaJueves 31 de junio
Lugar: Auditorio de la Sociedad Sonorense de Historia
Apertura de Muestra Plástica del escultor sonorense Jesús Grijalva


Mesa 1410:00-11:00 hrs Moderador Juan Diego González Mónica Ávila (Baja California)Lizhet García Peña (Baja California) Liliana Chávez (Sonora) Alicia Hinojosa(Sonora) Alba Brenda Méndez (Sonora)

Mesa 15 11:00-12:00 Moderador PíoDaniel Karina V. Balderrabano (Baja California) Iván Figueroa (Sonora) JoséTerán (Sonora) Armando Alanís (Distrito Federal) José Luís Ojeda Bravo(Sonora) Ricardo Solís (Sonora)

Mesa 16 12:00-13:00 Moderador Ramón ValdezLuis Aguilar (Nuevo León) Sergio Téllez-Pon (Nuevo León) Sergio ValenzuelaCalderón (Sonora) Oscar David López (Nuevo León) Juan Carlos Recinos(Colima)

Mesa 17 13:00-14:00 Moderador Juan Pablo Navarrete Aldaco CarlosReyes Ávila (Coahuila) Julio César Félix (Coahuila) Omar Navo (Chiapas)Mariano Sosa (Sonora) Carlos Velásquez (Coahuila) RECESO

Mesa 18 16:00-17:00Moderador Pina Saucedo Gabriela Torres (Nuevo León) Jenny Donavan(California) Silvia Aguilar Zeleny (Sonora) Abril Castro (Baja California)Fidelia Caballero (Sonora)

Mesa 19 17:00-18:00 Moderador Arturo ValenciaCarlos Sánchez (Sonora) Alfonso García Cortés (Baja California) MiguelManríquez (Sonora) Juan Manz (Sonora) Gerardo Cornejo (Sonora)

Mesa 2018:00-19:00 Moderador Luis Rey Moreno Gil José Juan Cantúa Terán (Sonora)Brandon Cesmat (USA) Julio Ernesto Tánori (Sonora) Silvia Brandon (USA-Cuba)David Charles Tomas (USA)

Mesa 21 19:00-12:00 hrs. Moderador Francisco LunaRosina Conde (BC-DF) Hernando Ardila (Colombia) Luciana Garcés (España)William Agudelo (Nicaragua)

20:00 hrs. Tributo a Ernesto Cardenal Lina Zerón(Estado de México) José Luis Martínez (Distrito Federal) Martín Piña(Sonora) Indran Amirthanayagam (Sri Lanka) Raúl Acevedo Savín (Sonora)
Reconocimiento como Visitante Distinguido Ernesto Gándara Camou, presidentemunicipal de Hermosillo Arnoldo Soto Soto, Secretario de Educación y Culturadel Estado de Sonora Maestra de Ceremonia: Cristina Murrieta InaguraciónPedro Ortega Romero Rector de la Universidad de Sonora 22:00 Convivio-cenaGrupo El Ruletero Francisco Grijalva
Viernes 1 de junio
Lugar: Auditorio de la Sociedad Sonorense de Historia
Mesa 22 10:00-10:00 Moderador José Luis Ojeda Bravo Mariel Iribe Zenil(Sinaloa) Luisa Ruiz (Baja California) Gerardo Segura (Coahuila) AlbertoLizardi (Baja California Sur) Sonia Silva (Distrito Federal) Julieta Cortés(Distrito Federal)

Mesa 23 11:00-12:00 Moderador Fidelia Caballero JuanPablo Navarrete Aldaco (Sonora) Erich Moncada (Sonora) Gerson Gómez (NuevoLeón) Franco Félix (Sonora) Ernesto Moncada (Sonora) Elmer Tabanico (Sonora)
Mesa 24 12:00-13:00 Moderador Iván Ballesteros Carlos Pacheco (Sonora) LauraGasbriela Rojas del Toro (San Luis Potosí) Alfonso Lopez Corrral (Sonora)Rubén Meneses (Sonora) Adrán Volt (Baja California)

Mesa 25 13:00-14:00Moderador Erich Moncada Mara Romero (Sonora) Arturo Valencia (Sonora) TeresaDay (Distrito Federal) Francisco Morales (Baja California) Armando Zamora(Sonora) Arnulfo Vigil (Nuevo León)

RECESO 15:30 hrs. Premiación del Concurso Anita Pompa de Trujillo
Instituto Sonorense de Cultura

Mesa 2616:00-17:00 Moderador José Juan Cantúa Terán Josefa Isabel Rojas Molina(Sonora) Rosa Gaytán (Distrito Federal) Elizabeth Cazzesús (Baja California)Carlos Moncada (Sonora) Carmen Ros (Distrito Federal)

Mesa 27 17:00-18:00hrs. Moderador José Luis Martínez Iván Ballesteros (Sonora) Iván Camarena(Sonora) Laura Delia Quintero (Sonora) Adriana Malvido (Distrito Federal)
Mesa 28 18:00-19:00 hrs. Moderador Alexandra Torres Miguel Ángel Godinez(Chiapas) Edmundo Lizardi (Baja California Sur) Roberto Castillo Udiarte(Baja California) Iván Gómezcesar (Distrito Federal) Francisco Luna (Sonora)
Mesa 29 19:00-20:00 hrs. Moderador Manuel Carlos Silva Encinas FlorencioGarcía Leyva David Joseph Alejandro Aguilar Zeleny Crescencio BuitimeaValenzuela Juan Pedro Maldonado

Mesa 30 20:00-21:00 hrs. Moderador William Agudelo
Subcomandante Marcos Ernesto Cardenal 21:00 hrs. Oración por lasHoras de Junio por Ernesto Cardenal

21:30 Cena-convivio Performance de Rubén Duarte Rodríguez
y su grupo Concierto del Buena Vibra Social Club y Grupo Sona
Sábado 2 de junio
Guaymas Casa de la Cultura Ceremonia de Bienvenida
11:00-11:30 Coro Regina Pacis Director: José Arturo Altamirano Pillado “LaDanza del venado” Ballet Xocoyotzin Director: Moctezuma Lugo Entrega de lasLlaves de la Ciudad Antonio Astiazarán Presidente municipal de Guaymas
Traslado a sede de lecturas

Mesa 31 12:00-13:00 hrs. Moderador Ramiro Acevedo
Cristina Murrieta (Sonora) Cesar Gándara (Sonora) Luís Valdez (NuevoLeón) Juan Gerardo Aguilar (Zacatecas) Gerardo del Real (Sonora)

Mesa 32 13:00-14:30 hrs.Autores de GuaymasModeradorRoberto Castillo UdiarteGenaro Ávila (Sonora)Bruno Hernández (Sonora)Ramón Santoyo Durán (Sonora)Gilberto Gastélum (Sonora)Pina Saucedo (Sonora)Alejandro Ramírez Arballo (Sonora)
Mesa 3314:30-16:00 hrs. Moderador Rosina CondeCaterina Danielle Del Conte (USA)Ismael Mercado Andrews (Sonora)Indran Amirthanayagam (Sri Lanka)Luis Rey Moreno Gil (Sonora)Lina Zerón (Estado de México)16:00 hrs. Recital de Ernesto Cardenal Clausura de Horas de Junio

lunes, mayo 21, 2007

agata bogacka

Un poco sobre arte en Varsovia. En la primera edición de Watheverlolawants se encontrará un dossier de artes visuales. Próximamente expondremos en esta primera edición el trabajo de Agata Bogacka.





Indeed the young ones are realists, 2003, 130x130 cm, acrylic on canvas


Agata Bogacka, Glass, edition, 2004



My (Tomoho&Magda), Agata Bogacka, akryl na płótnie, 2001




Nació en 1976 en Varsovia. Estudió de 1996 a 2001 en la Graphics Art Department of the Warsaw Academy of Fine Arts. Si gustan buscar a esta belleza, tendrán que comprar un boleto a Polionia. Creo que todavía vive en Varsovia. Casi toda la obra de Agata está influenciada por su vida personal. Amigos, Amantes, ya saben, familia, todo eso. ¿Quién quiere salir en su próximo trabajo?

jueves, mayo 17, 2007

Careo

Y en carne convertidas, las dos, fuimos polvo, simultáneas, vino de noviembre mezclado, nos dimos de beber en el vientre y así, cometimos pecados a destiempo, tu sexo uniforme a mi sexo pronunciaba un vector infalible: la corrupción de dos cuerpos que estaban destinados matemáticamente a enamorarse para después destruirse con el olvido. Y tu memoria se convirtió en un objeto y mi memoria se transformó en el espejo, la piedra, el cristal cristal reventado; el amor termina como una esquirla en uno de esos pasillos en los que nos entregamos seno a seno un calostro, una sangre que no era nuestra, que, sin embargo, sirvió de tranfusión para no morirnos de hastío por un rato. Y cara a cara, cuando pinto mis labios para irme por ahí de putita, de andrógina, de atenea, en el baño, irremediablemente, tu imagen, la mía, la nuestra, provoca que me inyecte en el cuerpo más barnices, más bloqueadores, y me masturbo con una pinza para planchar el pelo. Y tú, del otro lado, en ese cristal que me dibuja, que te dibuja, nos dibuja, sonríes mientras en el desconsuelo gimo y me pierdo en mí, en ti, en nosotros.

domingo, abril 29, 2007

Calorías 1

1) Digamos que las calorías son feromonas femeninas. Afuera.

2) Tardé cerca de tres meses para escribir esto:

"Ser un mal jugador de futbol te permite jactarte de ser el mejor jugador del mundo sin llegar a creértelo. En cambio, la gloria, a parte de perecedera, es muy aburrida, muy cíclica, redonda. Nadie toma una cerveza tan estoica y vorazmente como un jugador que acaba de perder 4 a 0"

3) Me acabo de dar cuenta que cuando quiero hacer las cosas bien, mi cuasi nulo sentido común, echa todo a perder.

3.5) Me gusta decirlo: Mecagoenlalechaconchatumadre.

4) Por fín cagó Lucas. Lucas cagó después de muerto. Lucas se murió por no cagar. Dice Cercas.

5) Decías los Griegos: Las tragedias le ocurren a los ricos y famosos, la gente del vulgo no.

6) ¿Y yo qué tan especial soy si no tengo un Volvo y ni mis padres me conocen?

7) Después de 8 años continuos creo pragmáticamente que la compañía aún no puedo encontrarla en una mujer. Es como en el juego, ser mala persona te da la posibilidad de jactarte de ser la mejor persona en el mundo sin creértelo. Yo tengo la culpa.

8) Ya saben lo que dicen, afortunado en el juego desafortunado en el amor.

9) ¿Y yo qué tan especial soy si no tengo un par de ases bajo la manga?

10) No seré un vaquero de Brokeback Mountain. Nada más digo, a mis amores, desde los más contemporános a los más remotos, las estoy sudando en el gimnasio.

11) Dice mi instructora ficticia: "la vida está regida por rutinas". Luego pienso, cómo odio hacer abdominales. "ya terminé con mi novio". Catorce, quince, dieciséis...

12) ¿Nadie se ha dado cuenta cuántas pistas pongo por todas partes? Brindo porque ya las entendieron, quienes las entendieron, si es que es posible que se entienda lo inentendible.

13) Hace unos días alguien dijo: estoy cansado de tus mentiras.

14) En mi relectura de Soldados de Salamina un Bolaño ficticio dice que el final es mejor inventarlo, que la realidad es más vulgar.

15) Escribo el final. ¿Cómo inicié esto? Primero digo amo. Luego me canso. Falta sentido común, ¿quién me presta un poco? Es como en el juego de futbol. Ser el peor amante te facilita las cosas, te puedes jactar de que eres el mejor amante sin llegar, ni por un segundito, a creértelo, aunque tú seas el que inventa la historia.

miércoles, abril 25, 2007

BONAFONT

2 litros, un poco más. 700 mil calorías. qué horror.

jueves, abril 19, 2007

La paloma de Hegel

Argumento a un performance para el 2 de noviembre de 2004.
Actores: Mariano, Vanel, Limón.
Director: Franco Félix.
Música: Bauhaus.



“Al hacer conscientes de su desesperación
a los seres humanos oprimidos, la obra de arte
anuncia una libertad que los enfurece..”

Horkheimer


TESIS
Hay un fantasma en casa que no se va ni un solo momento. Se levanta desde las sombras del patio, avanza por los pasillos, atraviesa el comedor, la estancia, la biblioteca y se introduce silenciosamente en mi habitación. Se recuesta en mis pies y me acaricia con su mano, materia hecha de fibras frías que atraviesan mis carnes y hielan el hueso. Sube, lentamente sube su cuerpo sobre el mío y me toca el sexo tierna y vorazmente. Me excito, lo confieso. Comenzamos una cópula nocturna. Nos amamos… Debo estar totalmente zafado. Algo acá adentro se ha desatornillado. ¿A quién carajos se le erecta el miembro con un espíritu? Debo haber perdido el juicio. Ni siquiera sé si el espectro es hembra o macho, simplemente me lo cojo exquisitamente. Estoy mal, lo sé. Pero eso me pasa todos los días antes de dormir, por eso llego tarde a clases. Porque horas antes estoy follando con el aire, con una figura escapada de las tinieblas que podría ser el demonio mismo. Soy un enfermo, lo confieso, quizá por eso me ven mal todos en la escuela, por ser tan sutil, tan sofisticado. Sí, debo dejar de pensar tanto, ya lo sé, me tengo que concentrar en cambiarme para llegar a tiempo a la clase de español superior. Hoy tengo que presentar un performance para ese risible encuentro de parafina y papel china que es el día de muertos. Igual que todos los años, se juntarán una bola de idiotas a celebrar la muerte con pan dulce y las nefastas calaveras recitadas. A los ojos de Lukács este festival mediocre debe representar una realidad social. A Octavio Paz me lo paso por los huevos también. Me vale madre que esto represente la cultura y el folclor de mi nación (¿cuál nación?). Debería obedecer, como todos, a ese entramado ordinario de parámetros que forman la cultura a la que pertenezco. Tal vez pudiera representar una situación que describa claramente cómo es que reaccionamos ante la muerte. Una escena compuesta por un niño que represente la humanidad y una mujer de negro con la cara pintada de blanco que signifique la muerte. Así no hay ningún problema, un argumento sencillo y poco polémico. La gente aplaudirá mi participación y por unos días estaré en la boca de algunos “qué bien te salió el sketch”, “estuvo buena esa metáfora en que la muerte se lleva de la mano al niño con los ojos vendados”. Me estarán rotundamente agradecidos los organizadores. Seré el broche de oro que finalice la sesión multicolor y pedante de otro dos de noviembre. Pero qué cosas estoy pensando al borde de la monomanía, tengo que peinarme para largarme o se me va el raite. Consumaré un espectáculo que revele la vulnerabilidad del hombre frente al tiempo. Sí, todo esto lo haría, si estuviera bien de la cabeza. Sin embargo, soy un maniático, leve pero constante consumidor de prozac por la mañana junto con el cereal. Se supone que realizaré un show que dejará a los asistentes a esta mierda de festival con la boca abierta con mis ideas artísticas. No, me rehúso a participar en una festividad hipócrita e ignorante, que aliena al público. No quiero ser parte de ese genio político y enmascarado con el ritual de un consumismo puro y capitalista. Yo no milito ni a chingazos con ese compromiso de develar la muerte con un rito ciego y copioso. Sí, buen día, Ernesto. Claro que voy a participar esta noche con un performance. Que si cómo nos llamamos los que vamos a hacer el performance. Puedes presentarnos como la Escuela de Frankfurt. Vamos a usar seudónimo: somos Teodoro, Max y Heberto.


ANTÍTESIS
A continuación el performance presentado por el grupo Escuela de Frankfurt, sus integrantes son, Heberto, Max y Teodoro; un fuerte aplauso por favor…
¿Por qué demonios tengo que presentar una justificación por nuestra participación en el estúpido escenario? Me importa un pepino que creas que está mal, y me importa otro pepino que la señora le haya tapado los ojos a su hijo cuando le dimos el primer hachazo al animal. Y me importa un pepino cada cabecita espectadora presente. A la chingada con los mediatizados, esos que esperaban una cursi representación de la muerte. ¿Que nada más lo hicimos para llamar la atención? ¿Tú qué demonios nos puedes decir de querer llamar la atención con tu hocico pintado con tanta mierda química y tus botas de Cindy Louper? ¿Ya te viste en un espejo? Eres un simple artificio de tu condición ambiental. Eres un pedazo de imagen que refleja supuestamente tu ideología. ¿Que es poco humano? ¡Me parta un rayo! Es lo más humano que pudiste apreciar en el festival de día de muertos. Nadie representó al ser en decadencia que somos, que eres tú, albóndiga imperfecta y lechuguina. ¿Let it be? ¡Coño! Me cago en tus calaveras gigantes. Deja ser, pues, ¿qué no se trata de representar arte? Deberían de leer un poquito sobre el distanciamiento de Brecht, y el extrañamiento de los formalistas, Mayakovsky se caga también en tus panes esparcidos de azúcar. Ustedes, todos ustedes, son unas sierpes conformistas que creen que el arte debe reflejar la realidad, inmundos estudiantes de Cosmopolitan y Vanidades; deberían criticar sus vestidos y no la muerte de una paloma. ¿Cuántos de ustedes se han acercado a darles a las palomas de la plaza un pedazo de pan que tiran por las mañanas en el bote de basura? ¿Quién de ustedes se ha preocupado siquiera por hacer algo por los niños que se están muriendo de hambre en las orillas de la ciudad, en el basurero? Son una tropa de farsantes reaccionarios que se enciende como con el primer pretexto; en cuanto se ventila la libertad del otro, respingan, ofidios asquerosos. Mira qué curioso, que esta lesbocristiana quiera reprender los actos de tres superhombres en acción. Dónde está lo genuino. Me hacen reír. Y los ecologistas presentes se sacudieron de miedo y pavor, lloraron en los baños por una paloma que ahorita, quién quite, y está en el cielo. Seres contradictorios por excelencia: globalifóbicos con celular. Hasta los estudiantes de chamarra de cuero se pusieron a gruñir como perros por la paloma hecha trizas. Mis queridos ignorantes, ¿de qué creen que están hechas las salchichas? De animal, sí, de animal muerto. Pagan a diario por no matar ustedes mismos el animal que se quieren tragar como cerdos. Pues sí, ustedes también son unos asesinos con un terrible y férreo culto por el arte del sosiego. Este es el relato de los hechos: tres hombres de negro con un hacha mataron una paloma. Es todo. Que ardan en el infierno los ortodoxos, mientras nosotros nos echamos una copa con Walter Benjamin: así es, no apropiamos de los medios, nos apropiamos de su confianza, del escenario, de las cámaras, nos apropiamos de su atención para atizarles con rabia un fragmento de nada, un mendrugo de muerte, original, pura, legítima, ésa que ustedes ignoran mientras ven televisión, mientras ven un baile flamenco o son auditorio de una representación cliché de un coro de mensajeros de la muerte poética a las cinco de la tarde. Sí, nosotros somos los pervertidos, los fracasados, los que queremos llamar la atención, los que no trascendemos, los enfermos que aprovechamos cualquier lugar y cualquier espacio para distanciarnos con mucho gusto. Mañana, cuando se ponga de moda subirse al escenario para provocar un escándalo nada más porque sí, buscaremos otros recursos para escupirles en la cara la libertad que no tienen. Por mientras les decapitamos esta paloma que nos mandó Hegel desde el averno para mostrarles lo que es la esencia, la esencia de la muerte, necios infelices.


SÍNTESIS
Estoy llegando, como casi todos los días, por la noche a casa. Fue un día pesado, tuve que lidiar con varios promotores del posmodernismo. Me atedian tan profundamente que hasta ganas de llorar me dan. Pues sí, el arte, según ellos, está comprometido con la cultura. ¿Qué puedo decir? Si hasta representativo me pareció el performance. Todos los días matamos inocentes. ¿Pero qué inocente va a ser la paloma? ¿Qué tan inocentes habrán sido los PFP incinerados? Tendemos a santificar todo lo que se extingue. Lo que se acaba al fin. A lo mejor y cuando terminó la actuación pudieron respirar los que estaban ahí sentados. ¿Se habrán sentido mejor cuando salimos por un costado del foro? Sí, mamá, buenas noches. Ya cené, gracias. Está haciendo algo de frío. Carajo, me caigo de sueño y todavía tengo que hacer un cuento para la clase de Teoría literaria. ¿Pero qué rayos voy a hacer con esa tarea? ¿Por dónde empiezo? ¿Debo de tener coherencia con lo que escribo? Será mejor que descanse, primero me relajo un rato, espero que llegue mi fantasma, cogemos un rato, una o dos veces, y mientras el espíritu diario y noctámbulo se fuma un cigarrillo, me pongo a relatar una historia simbólica, al menos plausible, de la confrontación del pensamiento entre unos y otros que al final son la misma mierda tratando de imponer su criterio, Aristóteles, Brecht, Lukács, unos que el arte, otros que militancia, ¿a dónde vamos a parar, sombra hermosa, mi Hegel de todas las noches, a dónde?..

viernes, abril 06, 2007

Boceto de un par de salmones

Ella dice, este boludo se llama Bruno. Vos, sos Bruno. Bruno entonces levanta la cabeza y dice: ¿puedes escuchar al fondo un par de voces que conversan? Ella asiente. No te muevas, por favor. Bruno vuelve a inclinar la cabeza y cierra los ojos. Abre la boca como si fuera a decir algo, mueve la quijada de un lado a otro, como si estuviera a punto de clac y de acomodarse el esqueleto por fin y de una buena vez por todas. Clac, dice ella. Dejá de moverte, sos un taco. Parecés limado. Bruno cierra los ojos con más fuerza, se concentra. Percibe una gota de sudor que camina desde su frente hasta su mejilla. Respira despacio pero profundo. Un aroma a cítricos se anuncia como el apéndice intangible de su cuerpo, del cuerpo de ella que está mirándolo en esa posición incómoda en la que se encuentra. Afuera, la calle arde en silencio.

-No me digas, eres sionista.
-No, viajera.
-¿Qué haces, Leah?
-Quiero pintarte.
-Es imposible, estoy hecho un desastre.
-Toma asiento, ¿podés inclinar la cabeza?

Entonces te llamas Leah, dice Bruno. Ella revira al instante, ¿cómo lo sabés? Un par de personas están hablando de ascendencia judía, dice Bruno y luego se calla como si se arrepintiera de haberlo dicho. Leah descansa un pincel con pintura oscura en el caballete. Piensa en las posibilidades: a) Quizá dije mi nombre inconscientemente. b) lo ha leído en alguna parte, en algún libro tal vez. Luego se enjuaga las manos y sacude su cabeza como si se deshiciera de las dos ideas anteriores. Podés descansar, pibe. Excelente, dice Bruno, me encantaría fumar un cigarrillo. Ella le extiende una cajetilla casi completa. Él estira su brazo poco a poco, alcanza la mano de Leah. Le acaricia los nudillos manchados de pintura. Ni lo pienses, dice Leah. Bruno se detiene, regresa su mano a los cigarros y toma uno, inmediatamente se lo pone en la boca. Ella enciende los dos cigarrillos. Él cierra los ojos con fuerza. Afuera, las casas de ese pequeño pueblo se dibujan recortadas por el ámbar de la noche avecinándose.

Después de los nudillos, la yema de los dedos de Bruno recorre todo un brazo cristalino, diáfano, que sostiene una cajetilla de cigarrillos. Cuando la mano de Bruno llega al hombro de Leah, el brazo que antes era una rígida frontera se rinde al tacto y deja caer el paquete. Bruno ahora está detrás de Leah, aspirando un olor a tangerina que emana su cabello, lo recoge con la mano izquierda y besa su nuca con movimientos circulares. La mano derecha de Bruno ahora está rodeando los senos de Leah, los dibuja apenas como si escribiera un secreto en su cuerpo, ella ahora inclina su cabeza y claudica, flexiona las rodillas y cae hincada, vulnerable, cubierta por las piernas de Bruno que ahora muerde sus labios como si fuesen el último durazno que un Prunus Persica le cederá al hombre antes de su total extinción. Leah voltea el rostro de Bruno hacia la ventana y muerde su mentón con ligereza. Después, sus cuerpos se arrojan al sexo como se lanza un salmón río arriba por encima de una cascada custodiada por osos hambrientos. Afuera, mientras, un poco más allá de las casas hay un río, una caída pequeña, cuatro osos grises, y un banco de peces que nada río arriba.

-En serio, ¿cómo sabés mi nombre?
-Hay un par de personas haciendo el amor sobre un sofá.
-¿Dónde? Eso qué tiene que ver.
-Él escucha voces, quizá las nuestras.
-Estás limado.
-Los salmones mueren en los hocicos hambrientos de cuatro osos.
-Ni lo intentes.

¿De verdad no escuchas nada, Leah? Dice Bruno y luego inhala el humo de tabaco. No, che, pero más vale que no sigas, que me asustas, dice Leah mientras exhala una cascada de nicotina. Y dime, Bruno, qué hacés en la vida, dice ella mientras se coloca la mano en el mentón al mismo tiempo que sostiene el cigarrillo. Nada, realmente, dice Bruno mientras se encoge de hombros, y tú, ¿quién eres? Yo, hablo cuatro idiomas, vivo en Suiza por el momento, quiero tequila, cuido un pedacito de carne por las tardes y soy judía, nada más, dice Leah como si hubiera recitado la lista del supermercado. No me digas, eres sionista, dice Bruno. No, viajera, dice Leah y vuelve a su caballete, mientras apaga el cigarrillo que está a la mitad. ¿Qué haces? Dice Bruno siguiéndola con la mirada. Quiero pintarte, dice ella mientras toma un pincel con pintura negra que estaba recargado en el caballete. Bruno se toma la cabeza, luego hace unos movimientos con los que acomoda su cabello como queriendo peinarlo y dice, es imposible, estoy hecho un desastre. Leah está acomodada en su caballete, apunta a Bruno con el pincel y le señala un sofá que está junto a él y dice en voz baja, toma asiento, ¿podés inclinar la cabeza? Afuera, más lejos, uno de los mamíferos ha atrapado en el aire a un pez que pretendía reproducirse para preservar la especie.

Leah sonríe y observa su dibujo, este boludo se llama Bruno, vos, sos Bruno dice con satisfacción. Bruno se agacha un poco, cierra los ojos, los aprieta muy fuerte y en su interior comienza a escuchar una serie de sonidos apenas perceptibles que se repetirán como un presagio, como una mentira, como el rumor de un par de voces que se aproximan, como el murmullo de un río, en el que dos salmones nadan río arriba para aparearse.